El hombre como especie es llamado "el animal simbólico" porque entreteje una red no solamente con el lenguaje, sino con todos sus actos culturales: ritos, costumbres,religiones, instituciones,
etc. Dichas formas simbólicas le sirven para encerrar su experiencia y de esa forma hacerla intercambiable.
Reconozco que el título es ambiguo como suele ser el tema cuando es tratado con ligereza y no tanto. La relación terapeuta-paciente es una modalidad afectada por muchas fantasías del imaginario popular. Sería mendaz negar que en muchas oportunidades algunas de esas relaciones han evolucionado del sentido terapéutico al erótico, sin embargo no creo queen número mayor al de otros tipos de vínculos como jefe-secretaria, médicos-enfermeras, etc. Es más, aunque no pueda avalar y sostener lo que digo por falta de estadísticas, como es obvio, se me ocurre pensar que quizás es infinitamente menor en el primer caso debido a motivos muy importantes:
En primer lugar el estudio de la transferencia y contratranferencia nos advierte de ese peligro y sus efectos negativos sobre el tratamiento del paciente, ya no sólo por la dificultad de buena evolución dado que la relación estaría viciada por la misma neurosis de transferencia sino por el antecedente de falta de confianza en otras futuras relaciones terapéuticas. En cuanto al profesional sería una de esas faltas máximas de la deontología, contra sí mismo, y mal vista por las instituciones que suelen representarlo como por sus propios colegas.
Lo cierto es que en el binomio la parte más vulnerable, en principio, se encuentra en el consultante que confiado ante determinado problema concurre al consultorio. Toda posible evolución se realizará a partir de la confianza que ambos depositen en la relación.
Bien pero ese no es el tema principal que quiero tratar aquí. Me gustaría determinar cuáles serían las condiciones mínimas y necesarias para ser un buen terapeuta más allá de lo dictaminado por las teorías pertinentes.
Por supuesto que la idea del sexo del terapeuta suele ser importantes. Las personas suelen elegir uno u otros sexos en función de con quienes piensan que se sentirían más cómodos o relajados para tratar temas que los desvelan. Además las cosmovisiones de género son diferentes.
Luego vendrán otros componentes que serán evaluados en diverso orden. El económico, es decir el honorario, suele ser determinante, quizás mucho más que el tipo de teoría que desarrolla el terapeuta.
Si bien es cierto que la cantidad de teorías y estilos serían casi imposibles de considerar profanamente, es cierto que los caminos son muy diferentes, aunque los buenos resultados -alrededor de un 30 %- se dice que se reparten entre los buenos representantes de todas las escuelas.
Como terapeuta me siento obligada ha escribir estos mensajes que se trasmiten de libro en libro, de boca en boca. Pero quiero olvidarme por un momento que tengo como interlocutor imaginario en mi escribir a otro colega, o algún consultante y me pregunto:- ¿cuál es el estilo de terapeuta deseado? Y supongo que la respuesta ha de ser tan variopinta como personas y experiencias se consulte. Por lo tanto, decido interrogarme a mí misma.
De mis experiencias, rescato que prefiero:
*La no ortodoxia
Seguramente no debiera ejercer ninguna ortodoxia. Tiene que tener una teoría muy sabida pero absolutamente tiene que excederla. Su biblioteca tiene que ser amplísima. No debe estudiar psicología sólo de los libros específicos. Debe abordar al ser humano por todos los ángulos posibles. Filosofía, sociología, antropología, primatología, la mayor parte de los abordajes del lenguaje: ontología del lenguaje, hermenéutica, semiótica, etc. etc. Claro que tiene que poder sorprenderme, estoy cansada de las respuestas de molde, de esas que escribí al principio de esta nota. Tiene que saber que todo lo que hoy es episteme mañana puede ser subvertido.
*Amar el humor
Decididamente tiene que amar el humor, es tan deliciosamente desestructurante y terapéutico aprender a reírse de uno mismo.
*La voz orquesta para el alma
Es importante la voz, desde la forma de modular las palabras hasta el tono parejo envolvente sin ser monocorde. Es imposible llegar al alma con chillidos inarmónicos como orquesta desafinada.
*La comunicación
Está bueno que podamos hablar con cierta elocuencia para ser lo más precisos que podamos en lo que expresamos dado que estamos co-construyendo mundos posibles para mi propia vida. Aunque a veces las voces de la calle en su boca adquieren una dimensión mundana que nos saca de la torre de marfil y la asepsia del consultorio.
*Libertad
Es de suponer que si llego a terapia es porque algo no funciona y por lo tanto se impone un cambio. Pero ese cambio tiene una condición que la persona siga reconociéndose a sí misma y no llegar a convertirse en lo que el terapeuta dice que debe ser. Por lo tanto se agradece si reconoce que hay muchos puntos de vista y muchas éticas posibles.
*Abandono de personaje
Me gustan las relaciones transparentes, que abra la puerta y que sonría o esté serio pero que no se ponga la careta de terapeuta. Así será legítimo cuando me señale que yo me estoy poniendo alguna.
*Sensibilidad y calidez
Sensibilidad y calidez en una medida justa. Esa medida la aporta la misma relación y los códigos implicados.
*La sabiduría de no saber
Existe una exigencia en el desarrollo del rol que parece determinar que el terapeuta debe saberlo todo. Los seres humanos somos universos imposibles de abarcar. Estaría bueno que lo verbalizara cada tanto.
*Transparencia-Congruencia
Hay algo que ha quedado en todas las escuelas como resabio del psicoanálisis que es la total opacidad de la vida personal del psicoterapeuta dado que éste ha de funcionar como pantalla en blanco para las proyecciones del analizando. Si bien entiendo la importancia de resguardar la intimidad del terapeuta y proteger al paciente de los problemas personales de su terapeuta. Entiendo que en este tema es muy importante la transparencia no sólo de lo que hace sino de lo que es.
Esto puede parecer insólito, sin embargo los agentes de salud no siempre son transmisores de la misma.
Sus códigos de vida no deberían ser muy alejados de los del consultante, se corre el riesgo de iatrogenia.
*Definitivamente tiene que ser un artesano, un sastre a medida, su estilo tiene que conjugar con el ser único que soy. Mi medida es su teoría y no debiera ser que su teoría se convierta en mi lecho de Procusto.
Primero hago una aclaración profesional previa, por cuestiones culturales que exceden el motivo de este mail, generalmente cuando hablamos de salud tendemos a dividir en dos planos casi irreconciliables, los médicos hablan de enfermedades físicas y los psicólogos de trastornos mentales, neurosis, psicosis y otras hierbas. Lo cierto es que el ser humano como una totalidad siempre termina siendo una entelequia inalcanzable.
Yo participo de ese universo dual. Trabajo en psicología y estoy casada con un médico, eso me obliga por momentos a volar en teorías abstractas de pura psiquis y en otros a buscar afanosamente las explicaciones en un mundo más positivista de causas y efectos probables sobre una base biológica.
Es decir, soy una "leona de dos mundos", un ojo ve una cosa, el otro lo completa. Llegado ese punto aplico el escepticismo, dudo de la verdad de ambos puntos de vista. Y me esfuerzo por ver a la persona "completa" con su parte biológica, psicológica, social y espiritual. Y busco el camino ´que creo más eficaz para ella entre un sinnúmero de recorridos que yo voy recorriendo junto con ella. Trato de hacer un trabajo artesanal como si fuera un sastre que acomoda la mejor seda que encuentra para que calze sin sobrar y sin tironear sobre la persona. El universo dirá si voy conforme al tao.
Bueno, en este mail, te voy a escribir sobre la incidencia biológica en la psiquis que -claro- es el que más uno rechaza porque su espíritu se resiste a considerar a la persona como un sistema de vertidos hormonales, pero no podemos dejarlos totalmente afuera.
Cuando yo era joven, es decir fértil, un día llegué hasta lo de mi terapeuta y maestro con un problema existencial de esos que parecían sin solución, la vida se había vuelto negra y amarga. Su afecto y dedicación lo habían llevado a conocerme muy bien. En esa oportunidad él me hizo un señalamiento con una pregunta:- ¿Estás en la fecha próxima a tu menstruación? Creo que en ese momento me enfurecí, me pareció una actitud machista, una opinión degradada. ¿Cómo se atrevía a bastardear mi problemática? Sin embargo, mi terapeuta-maestro no era para nada un biologista, de modo que tomé su respuesta que en ese momento parecía no apuntar a la solución del problema y la puse a prueba.
Meses después, volví a encontrar síntomas parecidos. ¿El mundo cambiaba o yo cambiaba?. Hasta que pude ver que el mundo estaba allí y yo lo significaba todo el tiempo. A veces parecía ser vivible y hermoso y otras más allá de lo que pasaba se volvía gris, doliente, sólo podía llorar, las cosas lindas de la vida parecían deslucirse, creía que no había retorno. Sin embargo, días después, casi insensiblemente algún rayito de luz comenzaba a aparecer. Sorpresa!! qué coincidencia! otra vez estaban dando vueltas mis ciclos y la luna volvía a burlarse de mí.
Me preguntarás: ¿y saber eso de qué sirve? Bueno, la primera que se me ocurre es que "el saber es poder" y saber que "eso", es decir, la oscuridad de la luna es algo normal y que debía tenerme paciencia, cambió mucho el sentido de mi existencia. La toma o no de alguna medicación paliativa de los síntomas fue secundaria. Lo más importante era que las exigencias de la época habían hecho postergar y negar mi aspecto femenino. Ahora sabía que eso también iba a pasar...y como dice la canción: Aunque no lo veamos el sol siempre está. Saber de esas "crisis recurrentes" hace que una no se arriegue a "soluciones dramáticas" como cambio de pareja, abandono de trabajo, mudanzas internacionales, repudio de familia. Sabemos de qué hablo, no?
Para finalizar te digo que leas si te interesa sobre TDPM y si querés, podés llevar un calendario de anotaciones de síntomas para confirmarlo o no.
Te mando un beso y cuando pueda, te escribo un mail más existencialista para completar el esquema.
Alicia Bibiana Berini
Virrey Loreto 1520 7° E
C1426DXB CABA
Tel 11 4780 3668
cel 15 4141 5730
Una mujer tiene el TDPM si presenta cinco o más de los siguientes síntomas:
Se siente deprimida
Se siente tensa, ansiosa o “con los nervios de punta”.
Es temperamental o llora a menudo
Está constantemente irritable y enojada hasta el punto de tener conflictos con otras personas
Ha perdido el interés por lo que antes disfrutaba
Tiene dificultad para concentrarse
Tiene poca energía
Tiene cambios en el apetito, come demasiado o siente deseos intensos de consumir ciertos alimentos
Tiene dificultad para dormir o duerme demasiado
Se siente abrumada
Tiene síntomas fisiológicos como senos sensibles o inflamados, dolores de cabeza, dolor en las articulaciones o los músculos, hinchazón abdominal y aumento de peso
Casi siempre, los síntomas comienzan la semana antes del periodo de la mujer y terminan unos días después del comienzo del periodo. Llevar un registro de síntomas le ayudará a su proveedor de atención médica a determinar si tiene el TDPM.
Los medicamentos que se llaman inhibidores de la recaptación de serotonina pueden ser útiles para tratar el TDPM en algunas mujeres. Estos medicamentos se usan para tratar la depresión.
Elegí este título sólo para marcar la preferencia en el punto de vista: "sensualice" pretende ser el apócope de Sensual Alice o quizás el imperativo: sensualíse ! como invitación al máximo disfrute de la vida. En realidad el epígrafe original era "El viaje sensual" pero temí lecturas no sólo indiscretas, sino defraudadas en su afán. El diccionario de la Real Academia dice de la palabra sensual: 1-Adjetivo, Relativo a la sensación de los sentidos 2-Adjetivo, gusto y deleite de los sentidos, de las cosas que incitan o satisfacen y de las personas aficionadas 3-Adjetivo, perteneciente o relativo al deseo sexual
Bueno, este viaje sensual al que voy a referirme está relacionado con los dos primeros significados. Se trató de un viaje, no más planificado que los anteriores, tampoco especialmente dedicado. Las prisas de la vida posmoderna apenas pemite visualizar un recorrido mínimo deseado. El primer punto era volver a Huelva, ciudad donde supimos vivir hace ya casi veinte años y a la que hemos regresado cada vez que hemos podido. En cada uno de esos reencuentros siempre supieron desplegarse grandes sentimientos de amistad. Sucede algo extraño; no llego como a otras ciudades, con la expectativa de la sorpresa, quizás por que aún lejos de ella la sigo sintiendo mi segunda casa. En la descripción de mi identidad no podrán obviarse esos años, es un capítulo tan central de mi historia que si faltase no podría reconocerme. Esa ciudad me dió lo que hoy tengo de extranjera en mi tierra. También puede ser porque sus propios habitantes no la consideran bella, es a su vista la hermana pobre andaluza, la cenicienta. Olvidan que el mito profundo en que se basa el cuento infantil trata justamente de la bondad de la esencia y la belleza de la transformación. Envuelta en la calima de su puerto, atada a la costumbres de sus gentes, de terrazas noctámbulas, es siempre hospitalaria y amiga. La única noche que tuve para recorrerla, iba con mi grupo de amigos, como el coro infaltable que me decía:- no te has ido nunca. Hablaban y hacían sus comentarios sobre si los últimas obras habían sido las más adecuadas, si los nuevos suelos reemplazan satisfactoriamente o no los antiguos arriates. No sé, ellos saben más que yo, les pertenece históricamente, yo sólo deseo respirarla y llevarme en mi mente la pequeña parte que me corresponde. Mis sentidos están incitados, satisfechos de haber vuelto. Es noche, ya es tarde, como tantas otras noches de aquel pasado. En algún momento nuestro amigo Pepe dirá que es hora de ir a dormir, ha sido su histórico rol en el grupo y no me equivoco, al llegar a la esquina se despide subiendose a un taxi. Los chistes y las bromas de siempre como si el tiempo no hubiera trascurrido. Yo temo por que el tiempo inexorablemente nos separe para siempre. Pero no hay lugar para palabras de tristeza sólo de esperanza. José Manuel camina a mi lado, siento que vibra como yo, que está disfrutando de esa riqueza de dos mundos que el destino nos deparó. Al día siguiente, una poderosa coupé es puesta a nuestra disposición para ir a Ayamonte, nos esperan otros amigos. Es cierto que todos son Pepes y Pacos en esa otra mi tierra, pero cada uno suena distinto, cada uno tiene un rincón profundo en nuestros corazones. Lo de Rufino en Isla Cristina con un tonteo que duró cuatro horas merece un tratado aparte. Mis papilas gustativas excitadas por el jamón de jabugo, los vinos, las setas, los mariscos. Mis ojos cansados de casi no pestañar. Los abrazos demorados, los dos sonoros besos, las palmadas en la espalda me vuelven a los sentimientos de placer más arcaicos y profundos. En los encuentros estamos abrazados y saltando y haciendo aspaviento como simios complacidos. Me gusta Ayamonte. Me gusta su campiña, en cuyas elevaciones visitábamos al loco de la colina rodeado de su biblioteca, un fuego y un caldero donde entibiabamos nuestra amistad y a su menuda mujer, la boticaria del pueblo, la maestra de alma grande, la que difícilmente camine dos pasos sin que alguien la salude, o se pueda entrar a una cafetería de la zona con ella sin que desde otra mesa se nos haga el convite. Huelva es bella en su naturaleza, es rica de manjares, plena de amistad, ellos viven dentro de ese mundo y creen que todo el resto es igual. Pero mis amigos me hacen trampa, yo voy a visitarlos por pocas horas y ellos pasan días, meses pensando cómo nos van a homenajear. Yo también trato de hacer lo mismo, pero mis presentes aún pensados, frente a ellos me parecen deslucidos, poco atractivos. Ellos son más hábiles, ¿o debería decir más sensuales? Sus casas rezuman calor de hogar, el jardín de Aurora verdea y brota en flores, tengo fotos rodeada de tantas flores, que nadie puede prometerme otra imagen mejor del paraíso. Sus gustos por los pequeños detalles hace que torpemente trate de imitarla. Su actitud de libertad hace que de vueltas por su casa como si fuera mía y si en algún momento nos cruzamos, como dice el rezo gestáltico su actitud es: "yo soy yo y tu eres tu, yo hago mis cosas y tu las tuyas, no he venido a este mundo a satisfacer tus necesidades, ni has venido a satisfacer las mías, si nos encontramos será maravilloso". Y por cierto nos encontramos aquella vez en la Universidad de la Rábida y desde entonces ha sido maravilloso. La primera invitación como inmigrante fue a cenar en su casa y la última comida antes de mi regreso fue con ella. Bella y elegante como pocas mujeres que no haya visto en el cine. Espíritu grande, complejo, tortuoso de artista. Me gusta pensarla como mi hermana española. Jóse, así con acento en la ó es de ese club epicúreo el más conspicuo cultor. Tramposamente hubo preparado todo los ardides, grabó música de época y de nuestro gusto, afiló su cuchillo jamonero, le puso perfumes (per fumun: por el humo) de inciensos sevillanos, ambos juntaron la teobromina del chocolate, y pusieron tres tomos de libros con títulos seductores como "El viaje a la felicidad" "El viaje al amor" "El viaje al poder de la mente" de Eduardo Punset. Esa noche no dormí, al día siguiente partíamos para un crucero desde Venecia a Dubrovnik, Kusadasi, Ephesos, Santorini, Corfú. Hermoso crucero, mejor de lo imaginado. ¿pero fue realmente así? ¿o esa secta de sensuales onubenses fueron preparando cada uno de mis sentidos para que incitados no pudieran hacer otra cosa que disfrutar? Yo que adhiero fácilmente a la teoría del complot, creo, no, estoy segura, que todo lo hacen para robarte el corazón. Y bien ganado lo tienen.
La historia que voy a contar tiene varias aristas. Yo tomaré la personal, es decir, la del asombro ante las experiencias. Siento imposible referir los hechos vividos, sin antes mencionar la sincronicidad de los mismos que es lo que los hace significativos. Y dejo constancia que se trata del fenómeno al que se refería Jung como la relación de sentido existente en el tiempo entre personas y circunstancias pero que no puede ser explicado por la relación causa-efecto. El día 8 de mayo de 2010 abordamos en Barajas-Madrid el vuelo IB 6843, muy cansados de un largo trajín de un vuelo anterior desde Venecia y de un desembarco temprano desde un crucero por el Egeo. Al poco rato de embarcar, mi marido refiere que cree tiene algunas líneas de temperatura y toma un medicamento antitérmico. Era ya la madrugada cuando se apagaron las luces tratando de facilitar el descanso de los pasajeros cuando por altavoz se pregunta si hay un médico abordo. Siento que en medio del letargo y sudoroso, mi marido se pone de pie y responde al llamado. Entre dormida pienso que hay profesiones que dejan improntas en la identidad tan marcadas como el color de piel o el sexo. En su ausencia vienen a mi mente los ya inumerables viajes transoceánicos que hemos realizado, no sólo por motivos turísticos, sino por haber vivido en España.
Hacía tiempo no volábamos por la compañía Iberia, sólo por motivo de pertenecer a otro de esos "pulles" de empresas bancarías y aéreas que se solidarizan por la lealtad de sus pasajeros frecuentes. De pronto tuve la sensación de haber vuelto el tiempo atrás y que las situaciones se repetían. Ese vuelo lo habíamos realizado innumerables veces. El puente Argentina-España no era sólo aéreo. Parte de nuestra vida está en un continente, parte quedo en otro. No me estoy refiriendo a los afectos que acababa de dejar en Madrid y en Huelva bajo la firme promesa de vernos pronto
Se trata de eso y de mucho más, se trata de códigos. Códigos inefables de entendimiento tácito. Existe en los hechos que relato un nivel que puede ser explicado y también presiento otro nivel implicado con una dimensión no conocida pero fácil de sospechar. Otra vez, sin buscarlo, mi marido volvía a responder como médico a una empresa española. Esta vez no se trataba de una empresa de salud, sino de aviación. No era un contrato de trabajo, se trataba de un gesto de humanidad, pero era innegable que lo que sucediera se lo debía trasmitir vía su comandante a una empresa española. Nuevamente, como en otras miles de oportunidades -literal-, muchas vidas españolas estuvieron en sus manos. Mis sentimientos eran ambivalentes, estaba preocupada por su estado de salud y al mismo tiempo orgullosa por su respuesta de ayuda al otro en forma automática sin titubeos a pesar de su fiebre. Apenas despierta por su movimiento al levantarse, tengo la primera percepción de que el tiempo es circular. No importaba si era en ese momento preciso o hace casi veinte años, la escena era en esencia era la misma. Sus cuatro abuelos españoles de origen parecieron haberle dejado un legado, especialmente María su abuela paterna, a quién dedico su título post morten. Lo cual y sin saberlo, claro, lo fue llevando por un entramado destino de labor médica aquí y allí. Creando la danza de diosa Maya de ilusiones y fantasmas.
No obstante mis divagaciones de ensueño, el paciente era un hombre argentino, quien había viajado a España con tres de sus hijos a buscar mejor fortuna, al conseguir un contrato volvía a A buscar a su mujer y dos hijos más. Hasta aquí la historia tampoco tendría nada de particular, salvo que el paciente había sido empleado administrativo de la misma clínica que mi marido con la singularidad, además, de haber sido anestesiado por el ocasional médico que lo socorría. Con esto quiero remarcar la excepcionalidad de la circunstancia, estamos hablando de una clínica de atención restringida a un colectivo como los empleados del Banco Provincia de Buenos Aires en relación a una población de 15 millones de habitantes.
Lo cierto es que el paciente estaba muy grave con imposibilidad de traslado siquiera a primera clase, motivo por el cual se acondicionaron los cuatro asientos del medio como cama ad hoc, presentaba disnea, hipotensión (60-40), pulso filiforme, aumento frecuencia cardíaca, sudoración profusa, pérdida de conocimiento por momentos, extrasístoles, hormigueo de los dedos por mala perfusión. El espectro de posibles diagnósticos iba desde un reflejo vagal severo, una hemorragia digestiva (por antecedentes) a un infarto de miocardio o un trombo-embolismo pulmonar. El comandante de la nave se informó de la gravedad de la situación y dijo que se haría lo más conveniente. Sin embargo había que tener en cuenta que para poder aterrizar antes debían arrojarse al mar más de 60.000 litros de gasolina además de pedir autorización para bajar en el territorio que en ese momento estábamos atravesando. A la sazón se trataba de algún aeropuerto de Senegal, con suerte, quizás, su capital Dakar podría contar con un puerto apto. Estaba claro que lo que se priorizaba es la vida humana. La deontología humana tiene sus propios fantasmas y esos son los conflictos de valores en las resoluciones lógico-prácticas cotidianas. Aterrizar un airbus en un aeropuerto desconocido con una carga de más de trescientas personas no deja de ser un riesgo, quizás mayor. Era la madrugada avanzada, ese vuelo no era esperado ¿qué personal de tierra podía asistir semejante aterrizaje? Aún en el mejor de los casos de que las autoridades senegalesas admitieran el aterrizaje, y que éste se pudiera hacer sin riesgos mayores, el caos estaba asegurado. Senegal es un país del Africa negra islamica ex-colonia francesa. No se me mal entienda, no estoy diciendo que Senegal sea un país hostil, bien puede ser un punto de destino turístico, y de hecho lo es. Si bien, desconozco por completo cuales pueden ser los acuerdos aeronaúticos internacionales, les puedo asegurar que después del 11S. y otras fechas más, la desconfianza en los aeropuertos, puertos y estaciones es algo que hoy se respira. Imaginar el ingreso de un avión con más de trescientos extranjeros inesperados puede -aún en situación de tránsito excepcional- generar cierta urticante prevención. Ignorar esto es un punto de vista ingenuo dado los tiempos que corren. Además, luego quedarían las negociaciones por el combustible y el poder volver a aprovisionar la nave. Eso con suerte podía significar unas doce horas más con pasajeros que no pueden desembarcar. La realidad de los hechos parecía confirmar el continuo espacio-tiempo, las preguntas eran: ¿Cuánto tiempo tenemos? ¿Podemos llegar a Las Palmas o a Río de Janeiro? El comandante dijo:- "Este es el fantasma de los vuelos transoceánicos". Palabras que acuñé para el título de este artículo, dado que hubo muchas circunstancias que me hicieron sospechar que ese vuelo estaba habitado por fantasmas. Se dieron un plazo de dos horas, eso permitía ver la evolución del paciente y a la par una decisión aún posible de aterrizaje forzoso.
Por suerte el paciente se fue estabilizando y sus cuidados pudieron ser compartidos con otra médica clínica hasta llegar a Buenos Aires. No sé si el paciente supo alguna vez de su gravedad, ni de la suerte que pudo haber corrido. Sólo cuando escuchó la palabra ambulancia dijo: no, por favor, mi mujer no me ve hace más de cuatro meses, no quiero que me vea llegar así. El domingo 9 de mayo de 2010 en las primeras horas de la mañana aterriza en forma habitual el vuelo IB6843 en el aeropuerto Ministro Pistarini de Buenos Aires. Dos hombres hacen fila en migraciones uno, el comandante del avión, en una fila para tripulación y extranjeros, el otro como argentino. Ambos se saludan y agradecen mutuamente, dos desconocidos que por una noche fueron compañeros en la aventura de conjurar el fantasma.
Yo solo fui una testigo somnolienta de lo sucedido, ello ayudó para que percibiera muchos más fantasmas, por suerte de los buenos. Luego al llegar a casa miré la placa de plata que está frente a su escritorio. La inscripción está fechada el 7 de agosto de 1992, fecha de nuestro regreso al país y dice: "Al Dr. José Manuel Ducid con el mayor afecto y la esperanza del reencuentro, de tus compañeros y amigos de España". Comose puedeapreciar la trama de los destinos está inextricablemente unida, lo que no sabemos es de que manera se valen las circunstancias, las personas y los tiempos para que se produzca lo que Nietzsche llamaba el eterno retorno.
"La vida es una historia contada por un idiota, llena de ruido y furia, pero vacía de contenido" (Macbeth) Nada es más engañoso que la ilusión retrospectiva que hace aparecer los acontecimientos de una biografía como si se tratara de la realización de una esencia que nos precediera. Por lo tanto, voy a liberarme de la necesidad de contar actos y sucesos rimbombantes y mentirosos por paradójicos. Cada uno de los que me lea se forjará una idea de quién soy, cada uno que he leído o escuchado forjará quién soy.