El hombre como especie es llamado "el animal simbólico" porque entreteje una red no solamente con el lenguaje, sino con todos sus actos culturales: ritos, costumbres,religiones, instituciones, etc. Dichas formas simbólicas le sirven para encerrar su experiencia y de esa forma hacerla intercambiable.
jueves, 29 de diciembre de 2011
MI MEJOR DESEO: SABIDURÍA
Cuando llegó recomendado me excusé yo no prácticaba psicogeriatría y ofrecí derivarlo, su hijo insistió. Consulté con mi supervisor, me preguntó la edad, y luego se achicó de hombros como diciendo : ¿qué se puede hacer? Y sugirió:- Hacele un un simple acompañamiento.
En aquel entonces, llegaba puntualmente vestido de traje, pertenecía o había pertenecido a casi todas las instituciones más clásicas o emblemáticas del país.
Dicen que un terapeuta no debe ser muy igual a su paciente pues sino no puede provocarle ninguna disonancia, ni tan desigual como para apabullarlo. Bueno, este último era el caso.
En aquel entonces mencionó que estaba leyendo un libro de Alberto Moravia y que una frase le hizo reflexionar respecto de su merma en la forma de prestar atención al entorno, quizás se dijo: esté deprimido. Yo pensé, si lee a Moravia tendremos material...
Ha pasado mucho tiempo, hoy se encuentra cerca de los noventa años. Por su propia decisión puntualmente se encuentra en la puerta de mi consultorio semanalmente, llueva, truene o haga calor, ya no viste traje, ha abandonado algunas creencias, ha renunciado a sus cargos honorarios honoríficamente. Hoy no sólo reconoce un pasaje bíblico, sino también el Tao te ching, el Bhagavad Gita o los aplica.
Creerán que es un alarde profesional. En absoluto. Gran parte de lo sucedido sigue siendo un misterio, y quiero que continúe así.
Más bien creo que las cosas del mundo, los quehaceres, la crianza de hijos no le habían dado la oportunidad de encontrarse consigo mismo, de encontrar su dharma, tal vez.
Hoy lo considero casi un maestro, con una sensibilidad exquisita, me devuelve frases en el momento justo más apropiado para mí. Es sanador para sí mismo y su entorno.
Un día llegó muy entusiasmado y dijo tuve una epifanía, no se quedo a esperar si yo consideraba o no lo que acababa de decir, y lo relató: Esta mañana me asomé al balcón y del piso superior caía una rama con una flor, era hermosa y en ese momento supe que aunque yo pronto no estaré acá el mundo ha sido y será maravilloso.
Después de tantos años, yo voy a regalarle otra frase de Alberto Moravia: " La amistad es más difícil y más rara que el amor. Por eso hay que salvarla como sea".

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