martes, 6 de septiembre de 2011

AVOIR LE CAFARD

La palabra “cafard” en francés significa cucaracha, pero la frase compuesta “avoir le cafard” significa: estar deprimido. Como se ve la expresión recoge algo de la sordidez que conlleva el estado. También hay otra frase que es “broyer le noir” , algo así como triturar el negro, se supone que la expresión viene de la asociación que ese color tiene con el mal estado de ánimo y el trabajo que se tomaban los pintores del SVIII que tenían que triturar o moler, para obtener los colores. Me viene la imagen de un mortero en donde se da vueltas y vueltas hasta fundir las más pequeñas partículas en un tinte que contiene todos los colores pero sólo se ve uno: el oscuro. El mismo que creían que provocaba la bilis negra. Cuando profesionalmente abordé el estudio de la depresión tuve que transigir con alguna escuela, no es bueno enfrentar demonios sin un parapeto. No obstante, al igual que los intérpretes de la música, me sometí a los estudios de una técnica, para después “olvidarla” en busca de mi propia nota. Mi actitud pretende ser fenomenológica frente a tal forma de manifestación del estado de ánimo, sé que es difícil de lograr toda vez que objeto y sujeto son coincidentes. En el idioma español tenemos distinguidos los verbos: ser y estar, sin embargo, debe haber pocas situaciones en donde una conjugación se salteé tanto por deslizamiento de un estado a una condición. La mayoría de las veces el que está deprimido se vive como si fuera un depresivo. Debe ser porque el estado es tan abarcador y obturador de trascendencia que difícilmente se crea que se ha de encontrar una salida fácil. En él, el tiempo presente no puede aspirar al mañana y sólo se llena de imágenes y estructuras del pasado. El tiempo es presente pero transcurre lentamente como si se solazara en su presencia dolorosa, sea por los pensamientos, las pesadillas o el insomnio. De la depresión se habla como trastorno de la conducta, como el mal de mayor extensión de la época. Dije se habla, aunque en realidad se menciona o se lo nomina; desde la clínica, los profesionales con prudente distancia; en lo social, se murmura de alguien; laboral y económicamente, como flagelo. Tampoco casi encuentro estudios o escritos en primera persona, casi la mayoría son en tercera persona, o en segunda apuntando a la autoayuda. Parece que bucearla, molerla molécula a molécula fuera una invitación a la espiral del Infierno del Dante. Tiene la característica de ser intempestiva en su visita y una vez instalada es como una diosa malévola que tiene el poder de la ubicuidad: está presente a un mismo tiempo y en todas partes. Distinguida y distante de la Angustia, como la hermana menor y bastarda de aquella, no logra en la filosofía y en la literatura las mismas páginas que aquella. No hay un existencialismo de la depresión, aunque la existencia difícilmente se aparte de ella a no ser por una negación maníaca. Más allá de las variedades y clasificaciones, los signos de la persona que está deprimida suelen ser evidentes: sus movimientos pueden estar aletargados como si la vida lo hubiera vencido –etimológicamente el término latino: “depresus” es abatido, derribado-, también es posible encontrarlo agitado si siente que la corriente lo puede ahogar. El brillo de los ojos puede perderse o por el contrario exaltarse, como si el ser estuviera afiebrado librando batalla ya en los últimos bastiones, pero es la mirada la que nos cuenta que ha desaparecido la capacidad de placer que lo sujeta a la vida. Lo que hasta ayer nomás constituía su razón, su orgullo, su motivación paso a dejar un vacío. La oquedad es áspera, incómoda, insostenible. Es posible que al principio la mente esté sujeta a dos o tres ideas nefastas que supuestamente aluden a ciertos sucesos desafortunados externos. Esos pensamientos pueden mutar pero serán reemplazados por otras representaciones del mismo tenor. Luego, si el estado se profundiza, ya no hay relación con nada, como si se hubiera perdido la causa de la tristeza, del dolor o la desesperación. Ya no hay a qué, ni a quién culpar de tal estado. La persona siente que nada puede cambiar de un modo tal que ella pueda obtener algún tipo de satisfacción. La interpretación del entorno toma los ribetes de un realismo negativo que se impone. En la interacción, esta forma de estar y/o de ser provoca una serie de impresiones en los otros. La primera sensación, quizás la más directa es de que se está frente a algo muy sólido, pesado, inamovible. Esa situación difícil de deshilar para amigos o familiares se presenta como una unidad que tiene una cohesión discursiva ambivalente: por un lado pide ayuda, por el otro, defiende activamente su visión pesimista. A partir de allí todos los argumentos parecieran servir a un solo fin: desarmar el alegato del deprimido que tiende a justifica su malestar. Al comienzo, puede desconocerse la condición depresiva, sólo está sucediendo como si se hubiera generado una nube negra totalmente pasajera. Entonces, la persona no se comprende, ni puede ser comprendida, pues es de algún modo se ha instalado un estado de conciencia alterado al habitual, es como si la negatividad hubiera ganado a la posibilidad. Es probable, que una vez conocida la situación de la persona se genere en el entorno alguna preocupación, o quizás compasión. Sin embargo, suele ser una etapa precaria dada la condición de casi imbatibilidad del estado de ánimo depresivo, es una fuerza que para irradiar negatividad consume energía. Pronto, se instalan sentimientos de esterilidad, insuficiencia, impotencia y agotamiento. El padecimiento que impone el desánimo provoca en el medio una conducta revulsiva de escape en aquellos que pueden hacerlo o de irritación en los que se ven obligados a permanecer. Cuando no, son arrastrados al mismo estado depresivo por repetición de tonos, silencios, y modulaciones respiratorias que se acompasan para no provocar disonancias en el afectado. Salvo con una intención meramente comunicativa, dificulto que los sentimientos y emociones que atraviesa una persona en semejante estado de ánimo pueda hacerse constar. No sólo por las características personales del individuo, sino también por su capacidad de auto-conocimiento, y de auto-referencia, como su capacidad de reconocerse agente de aquello que le pasa. Aún así me gustaría ilustrar la depresión como si se presentara en etapas: En una primera es como sí estuviese escuchando un concierto, el tema que se está tocando puede gustarle o no, pero de pronto algunas notas comienzan a sonar extemporáneas, desafinadas. Son sólo momentos, instantes quizás, donde el segundo doloroso se hace eterno. No sabe cómo, ni de dónde, pero la fuerza de la torre queda herida por el rayo. Seguramente confuso saldrá a ver que provocó ese disturbio en el mundo. Y de golpe, casi como una revelación, ese mundo que hasta hace muy poco significaba todo para él, se hace plano, deja de haber luces, no hay cosas ni personas que funcionen de atracción. Pierde valor, tiene sensación de extrañeza ante algo que dejó de reconocer como propio. Se convierte en una maqueta absurda al perder el sentido. Y ante un mundo netamente absurdo que ha perdido sentido, ¿qué futuro puede haber para él? Los roles, los trabajos, las luchas son demandas para las que pronto se sentirá incapacitado de responder. En algún momento, aparece el enfrentamiento con el Yo, aunque sea para preguntarse:-¿porqué a mi? Ya se trate la depresión de una enfermedad o de simple condición humana, pareciera la última instancia que se impone a la conciencia que se cree impenitente. Por eso siempre va acompañada de culpas auto-inflingidas. Es posible que se experimente ese gran desasosiego como una prueba de incumplimiento de alguna ley moral o religiosa. La depresión tiene tanto de pérdida como de fracaso, es un gran duelo por que las cosas no fueron como se esperaba. Por eso la desesperanza es el sentimiento generalizado y distintivo. Entonces, la voluntad de vida claudica cuando falló previamente la fe.

sábado, 3 de septiembre de 2011

LA TEORIA DEL JUEGO EN LA GUERRA DE LOS SEXOS

“El amor es la eterna historia del juguete que los hombres creen recibir y del tesoro que las mujeres creen dar.” Honoré de Balzac ¿Es posible pensar y en tal caso, sentir por fuera de los esquemas acordados y aprendidos? La respuesta que me surge es que sí, pero tal actividad puede llevar mucho esfuerzo y dedicación. Pero además esa primera pregunta remite a otra:- ¿se puede pensar “distinto” dentro de una sociedad que casi como constante constriñe a la masificación, a la respuesta fácil, al clichée? ¿Cuando comenzamos una relación con una persona determinada, además de la simpatía o la atracción que nos genera, tratamos de establecer un auténtico contacto? Es decir, tratamos de “ver” quién es “verdaderamente”. O por el contrario, sacamos conclusiones de apariencias, actuaciones, imposturas, etc. He conocido muy pocas personas que a la hora de una cita no hayan hecho previamente un cónclave con las/os amiga/os para las instrucciones de rigor. Luego, entre saludos, buenas ondas y recomendaciones parte al encuentro como quien va a dar un examen con las lecciones recién aprendidas. Lamentablemente de madres a hijas, de padres a hijos se han transmitido generalizaciones ideológicas sobre qué es un hombre y qué es una mujer y sus diferentes comportamientos. Está bueno, ver el encuentro como una gran aventura y también es lógico que uno quiera llevarse una guía para no perderse. Lástima que ese mapa es viejo y se encuentra ajado y lo peor es que no responde al territorio. En tal caso, sucede como con el lecho de Procusto, se recorta la realidad para que se ajuste al esquema. Los grupos de amigos y de amigas se han convertido en cofradías que lejos de ayudarnos a las buenas relaciones con el otro sexo, son encuentros que terminan complotando contra la pareja. Para la guerra de los sexos se requiere mucho más que dos contrincantes, aunque cada batalla se libre aparentemente sólo entre dos, siempre hay una ideología y una logística que la sostiene. Cada cual puede ver el tema como quiere, pero no nos engañemos: las amistades no suelen ser amigas de la pareja. En la mayoría de los casos en la actualidad, la pareja es apenas un afluente y no la corriente principal. Quizás estén en desacuerdo con mi escala, pero es que nada obliga a tener pareja. Ahora si se decide por ella, hay que saber que requiere muchísimos cuidados, sino se desluce y muere. También requiere algo de renunciación, algo tiene ceder del “Yo” para “el Nosotros”. Puedo entender los miedos a generar un “verdadero encuentro” con otro, porque puede transformarnos. Y particularmente cuando se trata de quien puede ser por un tiempo a determinar “nuestro testigo privilegiado”. Aquel/lla con la que hemos de comulgar se puede convertir en el espejo más feroz. La relación puede convertirse en una magnificación de nuestros aspectos más oscuros. Muchas veces, la pareja suele ser como una institución inquebrantable que nos devuelve nuestro capital más sus intereses. Ahora bien, si se decide por buscar una pareja, creo que lo mejor es abandonar todo antiguo mapa y dejarse llevar por el GPS intuitivo que todos llevamos dentro. El acercamiento es hacia una persona, no hacia un modelo. Lo intuitivo puede ser el comienzo, lo básico, lo más elemental del animal que somos puede detectar kinestésicamente que va con cada uno. Luego se irá subiendo en una gradación que convenientemente no debe dejar fuera lo razonable y “nuestra” escala de valores. Marqué especialmente la palabra “nuestra” pues se trata justamente de apelar a la persona que trata o ha tratado de revalorizar sus “propios” valores más allá del grupo social al que pertenece. Tomando una frase sería: Algo que tenga sentido para mí, algo por lo que valga la pena vivir o morir. Cuando se habla de una cuestión de piel respecto de una persona, se hace una referencia a una química íntima y no a un trato epidérmico, poco profundo respecto de las complejidades del otro. Al respecto, es notorio ver como en una relación de conocimiento generalmente un tema lleva al otro casi sin solución de continuidad, sin embargo es llamativo como a veces, a una segunda pregunta secuencial respecto de con quién está saliendo, de quién se está sintiendo enamorar no puede ser contestada. No se trata de comportarse inquisitivamente, pero tampoco a no hacer preguntas por miedo a las respuestas. Cuando digo que no hay que llevar mapas, me refiero a ninguno. Las revistas femeninas son un negocio, ahora venden con lo que páginas más atrás desmienten. Los test, los temas propuestos en forma general no representan a nadie, es un producto a vender, igual que la seducción de un perfume o un cosmético. Las generalidades no definen nada: Los hombres no son iguales, las mujeres tampoco. Muchas de esas pretendidas universalidades a fin de ser repetidas han causado mucho daño. Ej: Los hombres no lloran. El problema no es que ellos hayan sido educados y lleguen a cumplir dicho mandato, sino que las mujeres lo terminan creyendo y tergiversando por “los hombres no sienten”. Entonces los van tratando como paralíticos emocionales. Y primero como madres y luego como mujeres vamos construyendo la profecía auto-cumplida. Otra muestra de ese estilo es el refrán que dice que: “los hombres mienten amor por conseguir sexo y las mujeres mienten en el sexo para conseguir amor”. A ver, sonriamos un poco para distendernos porque suena seductora para creérsela y adoptarla. ¿Pero hoy qué realidad representa? Tanto las conductas que banalizan el sexo como la falta de amor y cuidado son cumplidas indistintamente. Ahora bien, si las personas no están obligadas a establecer relaciones afectivas, lo hacen por necesidad o placer, se supone que las reglas se deben parecer más al juego que a la imposición. Ver los roles femenino y masculino o sus variantes acordadas, es un juego que no tiene porqué desdecir la igualdad de los sexos que supimos conseguir. Es como cuando uno juega al ajedrez y determina que uno juega con piezas blancas y el otro con piezas negras. Se trata de acuerdos tácitos para acciones complementarias y posibles de ser coordinadas. De lo contrario, se termina en un caos, sin nadie que pueda hacerse responsable de algo en común. Los juegos se juegan para placer y beneficio de ambos. Si el juego pierde su balance es necesario volver a contratar. Caso contrario, la única variable que se sabe jugar del juego de los sexos, es el de la guerra de los sexos.

sábado, 13 de agosto de 2011

TRAS LA ILUSION DE LA ELOCUENCIA












Aún recuerdo cuando cantábamos con mis primas, una vieja canción que decía: “Se me ha perdido una niña... cataplín, cataplán, cataplero. Se me ha perdido una niña en el fondo del jardín.”
Hoy, después de muchos años, podría volver a cantarla, salvo que no pierdo niñas, sino palabras que fueron mías.
Cuando esto sucede es probable que mi cara se descomponga como signo de contrariedad, mientras que otra parte de mí, sigue hurgando y desafiando por encontrarla.
Es probable que ante tal circunstancia, la otra persona no entienda exactamente lo que me está sucediendo. También es posible que interrumpa el flujo principal de lo que estoy diciendo para aclarar que he perdido una palabra que explica más precisamente lo que quiero decir.
Y entonces, casi invariablemente, la otra persona, no le adjudica demasiada importancia a mi minúsculo drama. La otra persona interesada en la conversación, una vez comprendido el sentido general de lo expuesto, poco le interesa cierta precisión del lenguaje tomado sólo como preciosismo o floritura.
Ante esta circunstancia seguramente no he de escapar a los chistes de rigor, o a la amenaza de ciertas enfermedades neurológicas. No pretendo negar probabilidades estadísticas.
Simplemente quiero expresar mi aflicción. La angustia particular que me provoca esa pérdida no se iguala a otras. Se que las capacidades que hemos adquirido a través de los años irán disminuyendo. Sin embargo, la adquisición del lenguaje y su enriquecimiento a lo largo de los años ha significado una de las luchas y al mismo tiempo, uno de los placeres mayores.
Obviamente, no siempre ha sido así. Durante los primeros años escolares, la palabra ya era un hecho incuestionable, por cierto, toda posibilidad de enseñanza y aprendizaje estaba basada en ella, pero no me percataba. Luego, aprendí a escribir su sonido deletreando, luego incorporé otros significados y con ellos pronto me di cuenta que podía habitar infinitos mundos.
Los juegos del lenguaje, los actos de significado, las narrativas biográficas, las descripciones del entorno se transformaron en imágenes. Los sonidos de las palabras, las cadencias de mi idioma como también la de los idiomas extranjeros, me develan lo más entrañablemente humano que tiene el hombre: Su capacidad de simbolizar su pensamiento y comunicarlo. Entonces, ¿cómo no iba yo a enamorarme de las palabras?
El primer gran regalo de mi padre fue el diccionario enciclopédico. Luego hubo otros, de sinónimos, de antónimos, etimológicos, de imágenes. Aún hoy suele ser uno de mis entretenimientos favoritos, buscar el término más ajustado a lo que quiero decir. A veces me gana su estrictez etimológica, a veces su sonido, otras su capacidad de evocación.
Se trata de un aprendizaje infinito, tras la "ilusión" de la elocuencia, que como un cebo ideal nos traslada de la prosa de un escritor, a la musicalidad del poeta, a la transmutación inevitable de una traducción. El lenguaje es un velo que a veces se descorre para permitirnos entrever la idiosincrasia de un pueblo y otras se cierra en la impotencia de la incomprensión.
Poder oír a quien hace un buen uso del lenguaje, con todos sus matices, nos permite experimentar otros puntos de vista, "presenciar" otras realidades, no estar atados al tiempo y al espacio circundante, comunicar profundidades, transmitir los meandros de la mente humana y eso inevitablemente tiene que producir el goce de la comprensión de lo complejo, entonces el mundo se hace rico en sus dimensiones y se conjura el aburrimiento. Por el contrario, es devastador saber que la falta de las palabras que nominen hace que las cosas no existan.
De ese largo viaje, llevo en mi maleta muchas palabras, al igual que las vestimentas, algunas las uso a diario, otras en ciertas ocasiones; será por eso que muchas también envejecen.
Mi tristeza ante la pérdida de una palabra quizás se deba a un cierto perfeccionismo, ¿porqué negarlo? Pero quién ha usado un lenguaje técnico sabe que algunas de ellas son tan precisas que se necesitaría un gran número de ellas para querer decir algo parecido pero nunca lo que se quiere significar. Se me podría decir que el lenguaje cotidiano no requiere de tal precisión. Es probable, pero cuando uno ha hallado una o quizás varias para expresar y determinar su mundo y su significado, el uso de otra similar le hace sentir a uno extraño porque el universo pudo haberse modificado por tal detalle.
Cada palabra tiene su magia. Cada pronunciación activa sonidos primordiales. Acepto que son convenciones de una sociedad para un tiempo determinado, sin embargo, algunas tienen vida propia y relación exhaustiva e intrínseca con lo que nombran. Es como si las palabras fueran el nombre de las cosas; y las cosas hubieran hallado su lugar en el cosmos y su identificación.
Este escrito fue motivado porque había perdido una palabra. Pasé días tratando de recordarla. Me decía:- Ya va a volver sola, pero no volvía. Entonces, trataba de recrear toda la frase haber si por simpatía con las restantes significaciones, aparecía, pero nada.
Recordaba que la palabra que buscaba tenía una cierta cacofonía, entonces silabée y balbuceé un rato haber si la encontraba, pero el resultado fue nulo.
Como tenía en mente lo que quería decir, se me ocurrió volver a mis diccionarios pero allí descubrí la verdad más dolorosa, el camino es de ida y no de vuelta. La palabra me da el significado pero el significado no siempre me da la palabra.
Llegué a pensar que la había perdido para siempre. Llegué a preguntarme:- si acaso la encontrara ¿la reconocería?
Hoy después de varios días, y por vía de sinónimos volví a encontrarla. Creo que la voy a anotar y la voy a guardar en este escrito para no perderla otra vez, pues creo que por el desarrollo mismo de la cosas la voy a necesitar. La palabra de marras era "quisquillosa" (ay!que horror! estimado Freud) y llegué a través de un término similar "cascarrabia"; pero claro, no es lo mismo.



sábado, 30 de julio de 2011

EL HOMO SAPIENS EXTINTO




Mi amigo E. me preguntaba el otro día ¿cómo era que encontraba los temas de mi escritura? o ¿cómo es eso de sentarse y escribir?
Supongo que el proceso debe ser particular en cada persona que disfruta de ser escritor aunque no sea publicado por editoriales comerciales, o siéndolo, no es conocido. Seguramente también habrá muchas coincidencias sobre temas tales como la inspiración, el medio (lapicera, computadora), los temas, el estado creativo, la laboriosidad que requiere el lenguaje, etc.
En mi caso escribo a partir de un desafío, a veces es la idea de otro que me es dicha, escrita o revelada, entonces mi mente parece preguntarse: ¿cómo veo yo esa realidad? ¿cómo relacionan mis experiencias con determinado tema? ¿qué fibras afectivas vibran en forma incesante a partir de ciertos ítems?
Cual puntapié inicial, surge un impulso en mi mente que describo como una necesidad por ordenarse. Las ideas están allí, pero el escribir, les da forma, las tornea, como dice Santiago Kovadloff… “no se escribe para decir algo que se sabe de antemano, sino para llegar a saber qué se quiere decir y para verificar hasta dónde ese querer se encarna en lo que se dice”…
A mi lo que más me desafía es la observación; luego son las sensaciones; en algún momento aparece mi deseo de comunicar o de compartir mi mundo; también es el placer lúdico de las palabras, sus ambigüedades, sus evocaciones, su estética; y por último, aunque no tan marcadamente como en una fábula, tengo la necesidad de una enseñanza.
No es que posea una particular vocación docente, sino que creo que debemos estimularnos unos a otros para a ser mejores seres y que lo humano aún está por alcanzarse. Y ese es el desafío, el que debe inscribirse con mayúscula: Ser Humano.
A veces temo que mis proyecciones a partir de la observación y la relación de los elementos se haga realidad, es decir, que la tecnología lleve a incluir en la evolución del hombre, artefactos, chips, programas necesarios para su rendimiento y prolongación de la vida a costa de sus afectos.
Si eso sucediera, imagino antropólogos, en el futuro, hablando del homo sapiens extinto; en fin, de la especie que somos o seamos considerados a partir de las muestras o retazos de nuestra cultura.
Si no alcanzamos una excelencia como especie, me gustaría pensar que -muchos de aquellos que no hemos sido los preclaros guías de la humanidad- al menos hacemos el esfuerzo por lograr un mundo mejor, aunque más no sea educando a los que nos siguen, curando o ayudando a otro, embelleciendo un jardín, escribiendo un poema o poniéndole música a un amanecer.
Si llegamos a categoría de homo-sapiens extinto, probablemente el cyberborg (storage system) que nos suceda en la evolución, sea un ser más inteligente, porque la tecnología tenderá a replicarse sobre sí misma requiriendo más y más efectividad en detrimento de la afectividad. Mientras tanto, deseo que mi huella sea como una divisa: “Dejar testimonio del extraño y empedrado camino que tiene el hombre en ser humano, su existencia, con el conflicto de afecto y valores, como eslabón del devenir.”

Lo que no sabe mi amigo E. es que él mismo es un estímulo para mis escritos. Hace años que compartimos pensamientos. Diferentes edades, diferentes experiencias, todo muy enriquecedor. Cada semana intercambiamos historias, libros, películas, notas.
Hace ya mucho tiempo, le había contado mi idea de la evolución.
En forma resumida: Como nada está concluido, el hombre también entra en esa evolución, sin embargo a diferencia de la evolución natural de las especies, la tecnología ya no podrá quedar afuera.
Fue después de haber visto dos documentales para aquel entonces. Uno sobre la generación de piel en laboratorio y el otro sobre las computadoras que auto-actualizan su conocimiento a partir de la interrelación con otras inteligencias. La posibilidad de actualizar el conocimiento sin necesidad de nueva programación es algo muy similar a lo que ocurre con los humanos. Y ahí, sin mediar voluntad de conclusión alguna, la relación que se estableció entre ambos fue reveladora: La evolución ya no sería sólo un desarrollo natural de branquias a pulmones, o de escamas a piel o viceversa.
Si no mediaba algún desastre que nos borrara de la faz del planeta. La evolución iba a ser una creación del hombre por el hombre. Y sí, la idea da cierto escozor.
Obviamente, el tema no lo hablé más que con dos o tres personas. Siempre tuve la sensación que el afecto por mí era mayor el efecto que causaba por lo que contaba.

En aquel entonces, E. me miró con cara algo incrédula, debe haber pensado en uno de mis desvaríos de Alicia en el país de las maravillas y palió la circunstancia hablando de otra cosa.
La semana pasada, E. me trajo un artículo de Enrique Valiente Noailles para el diario La Nación, allí con precisión de estudios universitario ya se deja entrever la probabilidad de realización de aquella teoría que sonaba extraña.
Luego de leerlo, me quedé preguntándome, si el criterio de mi amigo para la selección y recorte de la nota fue por la habitual forma exquisita del autor para expresar una idea o quizás que aquella loca idea había anidado en su mente…y hoy, volvía a desafiar la mía.

lunes, 25 de julio de 2011

EL BICHO DE DIVAN







...la otra es la Rosa profunda...



“Recuerdo esto solamente;
el sobresalto de la rosa,
oráculo absoluto, el asfalto
levantándose contra la nada”
Milo de Angelis




Alguien que me honra visitando mi blog, me ha pedido que escribiese sobre una tipología muy particular: EL BICHO DEL DIVÁN.
Nunca escribí a pedido, sólo escribo sobre aquellos temas que marcan mis días, mis impresiones, mi profesión.
Personalmente no conozco al bicho de diván. No creo en esas clasificaciones. Todos podemos, en función de cada momento, necesitar alguna ayuda. Si alguien se convierte en bicho de diván,en el sentido que se eterniza en la consulta, lo más probable es que haya algo no bien encausado por el profesional a cargo.
De todas formas veamos: La palabra “bicho” significa animal pequeño, también puede estar asociado a “lo malo” y asimilarse a sabandija. Lo más probable es que toda la frase aluda a raro, extraño, difícil de entender por los demás y por si mismo, condenado a revisarse en un diván.
Entonces, un bicho de diván parece un bicho raro. ¿Puede ser un bicho raro alguien nacido bajo el signo del pez?
Dice Linda Goodman:
Si te aconteciera ver a un pez de cajero en un banco, o de presidente, incluso, te encontrarías frente a un ejemplar muy raro. Son muy pocos los que pueden aguantar verse confinados durante largo tiempo en un solo lugar. Tendrás mas suerte si los buscas en una sesión de espiritismo, o visitando una galería de arte, aunque también es posible en un convento o monasterio, lo mismo que si te vas a un concierto o acudes a ver el espectáculo. También podrías probar en una Sociedad de Escritores, darte una vueltita por un teatro, quizás entre bambalinas, cuando acaba la función. Cuanto más creativo y artístico, más ocioso y esotérico sea el ambiente, mas peces encontrarás.
Sea quien fuere el que dijo que no le interesaba ser millonario, sino vivir como si lo fuera, reflejaba con toda exactitud la filosofía del pez. En el corazón típico de Neptuno no hay cabida para la codicia; le caracteriza una falta de intensidad, casi una despreocupación sobre el mañana, acompañada de un conocimiento intuitivo del ayer y una placida tolerancia de hoy. Para los peces, sean reales o humanos, nunca es fácil luchar contra la corriente. Lo mas común y lo que exige menos esfuerzo, es seguirla dondequiera que les lleve. Pero nadar contra la corriente es el desafío que tiene que afrontar el pez, y la única manera que tiene de encontrar alguna vez paz y felicidad auténticas. Seguir el camino fácil es una trampa, un cebo apetecible que les seduce, pero que esconde el peligroso anzuelo: una vida desperdiciada.
Dan la impresión de que flotan en lugar de caminar, como si nadaran a través de la habitación o por la calle. Y a veces realmente es así.
Puede ser que adore el agua helada, que se tome diez tazas de te o de café por día, que se muera por las gaseosas o que suspire por algo mas fuerte. Son muy pocos los neptunianos que pueden tomar un cóctel en una fiesta, y quedarse ahí. Algunos hay, claro; pero son demasiados los que encuentran en el licor una seductora solución para sus problemas, algo que les arrulla gratamente con una falsa sensación de seguridad... pero es un arrullo peligroso. El pez nació con el deseo de ver el mundo a través de cristales de color rosado. Bien conoce él el lado malo de la humanidad, pero prefiere vivir en su propio mundo sereno y acuoso, donde todo es hermoso y todas las acciones nobles. Si la realidad le resulta demasiado terrible de afrontar, es frecuente que huya a refugiarse en rosadas ensoñaciones y ni la mas remota posibilidad de realizarse. Cuando la vida lo lanza a chapotear, con una verdadera panzada, en las aguas estancadas del fracaso y en vez de salir de un salto de ese peligroso fango, se inclina a esconderse tras las ilusiones que le impiden tomar decisiones prácticas.
Los dos peces que nadan en direcciones opuestas, indica que el neptuniano se encuentra desgarrado por la dualidad de sus deseos, pero no es así. Los dos peces en direcciones opuestas simbolizan la opción que se le ofrece al pez: la de nadar hacia arriba, o la de nadar hacia abajo, sin jamás alcanzar sus metas. Debe aprender que de alguna manera debe servir a la humanidad, y evitar las posesiones mundanas. Einstein, uno de los peces que remontaron la corriente, dio forma a todo un mundo nuevo del tiempo relativo. Siempre hay una elección posible, porque jamás falta algún talento excepcional, pero el pez –cuyos ojos ven claramente hacia ambos lados– a veces tiene dificultades para ver hacia adelante. Es habitual que se retraiga, ya sea a las alturas sublimes de una sacrificada vida profesional, o buscando refugio en estimulantes, emociones artificiales y falsa excitación.
El abatimiento, sin embargo, amenaza siempre con invadirles e inundarles de sueños extraños u horripilantes pesadillas que más de una vez son premonitorias.
Cuando hablan de un alma vieja, los astrólogos se refieren a una que ha pasado por muchas vidas y ha retenido la sabiduría de cada una de ellas. Muchas veces se refieren a algún pez, porque una vida en este signo puede tanto la más difícil de las obligaciones que pueda elegir un alma como una ocasión de alcanzar la realización perfecta. En tanto que el carnero representa el nacimiento, el pez representa la muerte y la eternidad. El pez es el duodécimo signo, compuesto de todo lo que ha sucedido antes, y su naturaleza es una mezcla de todos los otros signos, es decir, algo bastante difícil. No es signo cardinal ni fijo. El pez es mutable siempre y, en este aspecto, puro y no diluido. La única y peculiar cualidad que tiene origen en el interior de su propio signo es su extraño poder de salirse de sí mismo y ver el ayer, el hoy y el mañana como una unidad. Debe a otros signos su amor a la música y al arte, lo mismo que el extraordinario desarrollo de sus sentidos y su versatilidad, pero su profunda sabiduría y su compasión le pertenecen solamente a él, que los va entresacando del conocimiento combinado de todas las experiencias humanas. Ahora que entiendes todo esto, ¿sigues maravillándote de que tus amigos peces sean a veces un poquito enigmáticos, por no hablar de las ocasiones en que son simplemente más locos que una cabra?
El humor es una de sus armas secretas. Los peces esconden bajo una sonrisa crispada las lágrimas que no vierten. Son maestros de la sátira. A veces, su humor es cálido e inofensivo, otras es frío y despiadado, pero encubre siempre alguna otra emoción que quiere ocultar; rara vez es espontáneo. Las carcajadas del pez son una máscara, tras la cual se esconde perfectamente.
Su comprensión fluye de el, junto con cualquier ayuda practica que pueda ofrecer. Percibe todos los vicios y todas las virtudes.
Su primer instinto es ayudar. El pez se da cuenta muy pronto de cuan vulnerable es. El mundo aun no está afinado para la longitud de onda, es tan sensible de manera que a veces (no solo para evitar el ridículo, sino también para evitar que cada vez le saquen el último centavo) finge indiferencia.
De gloriosa imaginación, la maravilla de su humor travieso y el sentido neptuniano de la belleza pueden crear la mas delicada –y también la mas eternamente perdurable– obra de prosa o poesía. En realidad, sin sus esfuerzos artísticos y la belleza de sus sentimientos el mundo poco podría hacer; dejaría de girar. Encontrarás con frecuencia peces que han enterrado sus propios sueños para iluminar oscuros rincones de la vida de parientes y amigos, o para hacer don de lágrimas y risas al público, desde un escenario, al precio de los propios anhelos y necesidades. Pero Neptuno es un planeta engañoso, capaz de dar nacimiento a naturalezas que se retuercen y giran en dos direcciones a la vez, deformando la verdad; esta es la influencia que a menudo hace que el pez oculte sus verdaderas emociones.
Con él todo es ilusión, y a ellos mismos se les hace difícil establecer la diferencia. Su naturaleza íntima es tan insondable como los grandes océanos de Neptuno. El pez rebosa de un amor tierno e inagotable por todos los seres vivientes, cuando no se vuelve hacia adentro en forma de autocompasión y de amor de sí mismo.
Suspendido en algún punto entre las silenciosas aguas del mar por debajo y el vasto cielo tachonado de estrellas por encima, tocando apenas alguna vez la tierra por necesidad, vive su vida en una solitaria comprensión de la verdad, difícil de expresar en palabras. Los que quieran ser sus amigos, los que le amen, deben valerse de su imaginación para captar los extraños planos en que se mueven la mente y las emociones. El pez no puede respirar en el aire. Debe vivir en aguas verdes y frescas, a veces fangosas, siempre en movimiento.
Es mas fuerte de lo que cree y mas prudente de lo que sabe, pero Neptuno oculta ese secreto mientras él no lo descubre por sí mismo.

Todo lo dicho supone una contestación a algunas preguntas tácitas: ¿Existen los bichos de diván? ¿Puedo ser yo uno de ellos?
Contesto brevemente, no creo en dicha clasificación. Es cierto que hay gente que pasa más tiempo en relación terapéutica y eso se debe fundamentalmente a una recontratación con el terapeuta por aspectos que quiere revisar y que no incluyó en un primer contrato porque la persona no los veía como dilemáticos o bien los desconocía. De todas maneras quién puede permitírselo intelectual y económicamente es una experiencia muy transformadora.
En cuanto al pez, es tan bicho, como el carnero, la cabra, el cangrejo, el toro, y todos los demás aunque se disfracen de balanza, o de centauro. Todos somos bichos de diván.
Yo vivo la psicología como un absoluto. No es un conocimiento respecto de algo sino que ella misma es soporte de la posibilidad de conocimiento y de nuestro autoconocimiento.
El mayor secreto no es lo que le ocultamos al mundo, sino lo que nos ocultamos a nosotros mismos.
PS: Hay un grupo de teatro que se llama justamente Bicho de Diván ¿los conocés?

lunes, 18 de julio de 2011

LA ENTREVISTA COMO MODALIDAD DE REPORTAJE


Me gusta leer y ver reportajes, muy especialmente una variedad como es la entrevista a un invitado especial. El clima de intimidad, calidez y seguridad que se crea para que el entrevistado pueda sentirse cómodo y de ese modo ser capaz de mostrarnos varias aristas de su personalidad, tenía indefectiblemente que resultarme atractivo por la similitud con mi trabajo en consultoría psicológica.
No escapa a mi comprensión, que mientras la entrevista periodística se hace a un personaje, nosotros tratamos de acercarnos no sólo a la persona, sino también a sus aspectos más íntimos y casi invariablemente desconocidos. No obstante, he podido observar muchos aspectos de la entrevista periodística que pueden ser de gran valor a la hora de entrevistar un consultante.

Veamos primero el significado de la palabra entrevista, originaria del francés: “entrevue” (ingl. interview), en principio se nos presenta como compuesta por dos palabras entre-ver, lo que puede significar ver un objeto imperfectamente, sin distinción clara. Lo que podría ser cierto en nuestro caso, tratándose de una primera aproximación.
Sin embargo, el verbo francés reflexivo s´entrevoir, parece ser más ajustado: “verse lo uno con lo otro” o verse entre sí, es decir, entrevistarse. Ambos tendrán un primer contacto, una primera impresión.
La etimología de la palabra puede permitir ciertas implicancias, algunas filosóficas como “el Ser para el otro” heideggeriano, o sólo la posibilidad de poder verse cuando la imagen es completada con la visión del otro, quizás también, nos está diciendo que más allá de quien sea el entrevistador y el entrevistado, el reconocimiento será hacia ambos lados. Sería muy inocente por parte del consultor pensar que su consultante no habrá hecho su propio registro.

Me surgen otras comparaciones, en principio, mientras la entrevista periodística es un recurso informativo de un proceso de comunicación social, la entrevista psicológica es una técnica fundamental del método clínico que no sólo apunta a obtener información, sino que sus procedimientos particulares, hacen a la práctica misma del método de ayuda. De todas formas, en ambas hay un cuestionario planificado, organizado, coherente, dirigido a incógnitas.
También existe algo de lo periodístico, cuando la persona hace una crónica de los sucesos que lo trajeron hasta allí, con una ilación de argumentos basados en los porqués (de una falsa relación causa-efecto) mientras tendremos que habérnosla con el cómo fue el proceso mental que creó tales circunstancias.

Una pregunta que se me ocurre es: ¿Quién habla primero? En periodismo es claro, el entrevistador no sólo habla, sino que presenta al entrevistado y suele hacer un perfil previo. Pero en psicología a partir de las ortodoxias pareciera que el paciente es el que debe comenzar y guiar. Sin embargo, no tenemos que olvidar, que el silencio puede ser muy amenazador, de modo que ciertas reglas pueden ser matizadas. El consultante tiene que tener la impresión que se encuentra dentro de un diálogo, cuando en realidad es un monólogo provocado.

La entrevista siempre es estructural porque hay un cuestionario planificado, hay información que no puede faltar, aunque se intenta la menor directividad posible, es decir, permitir que la persona se explaye en aquellos temas que le surgen como importantes o dilemáticos, sin olvidar que en ciertas ocasiones de amplitud discursiva puede ser necesario focalizarlo.
El entrevistador tiene que ser audaz, curioso, aunque no inquisitivo. Ante la vaguedad o la ambigüedad deben tentarse a que el consultado arriesgue significados, cuidando que la determinación de uno o algunos en particular, no sea restrictivo para el caléidoscopio de la realidad mental.
A quién se describe a sí mismo no es posible pedirle total coherencia, sólo accede a algunos retazos de su experiencia, algunos episodios fundamentales suelen ser silenciados, a ellos se llega haciendo hincapié en los detalles.

Otra pregunta puede ser ¿Por qué se elije la forma de entrevista? En periodismo se elije la forma de entrevista cuando la información requiere la fuerza testimonial del entrevistado. Mientras que en psicología, el testimonio del entrevistado no sólo nos informa a los profesionales, sino que hace que el consultante tome conciencia de su auto-eficiencia y autocontrol, él es quién más sabe de sí mismo. Y esto que parece una contradicción, no lo es; en la medida que la información sobre su persona es su experiencia interna y a eso podemos arribar preferentemente por su narrativa. Y es a través de la forma, del estilo y del contenido de su narración que podemos ser operativos.

Composición, tema: “Esa Persona”

No es el motivo principal de este escrito hacer una comparación exhaustiva entre la entrevista psicológica y la periodística. Lo que quiero decir, que más allá de las similitudes y diferencias puede haber un punto de confluencia que puede ser operativo cuando queremos hacer una composición holística.
Ahora bien, teniendo en cuenta el espíritu de la época, que llamaría: “el atrevimiento de ser a través del mostrarse.” Los medios usan y abusan de esos retratos de aspectos personales y profesionales de actores, deportistas y modelos. Ahora bien, esa cultura se extiende ampliamente a los particulares, quienes ante la duda de ser o no ser, terminan por mostrar los aspectos más íntimos en sitios de Internet.
Esta es la forma, a la que hoy, nos sentimos habituados, particularmente los jóvenes. Entonces, si como recurso o técnica, nos sirve y es productivo, tenemos que aprovecharlo.
Si en la entrevista psicológica tradicional habitualmente la persona se presentaba a través de sus aspectos más negativos o sólo como un cúmulo de conflictos, lo que obteníamos era un aspecto parcial.
En cambio en un reportaje con modalidad de entrevista, la persona no sólo se presenta con sus aspectos negativos, sino con sus gustos, sus impresiones, su forma de valorar. La persona es más que la sumatoria de las partes y su dimensión humana, hoy, me puede ser presentada con todos los recursos que posee.
Si en el medio de la entrevista, el/la adolescente me quiere demostrar cómo se siente perseguida por su mamá y me muestra los mensajes de texto que le envió en las últimas horas, lo tomo como parte de su narrativa. Lo mismo, si quiere mostrarme las fotos de su celular.
Las carpetas son más personales que clínicas, los datos clínicos mejor los llevo en mi memoria. En sus carpetas, que no son mías, guardamos todo lo que los define. Una copia del mail en que consta la ruptura amorosa que sufrieron, sobre la que lloraron o se pasaron horas para dirimir el sentido de una palabra o de un insulto, dibujos, cuentos, escritos, cartas, canciones, regímenes, recortes, libros, transcripciones de un diario íntimo, fotos, genogramas, que los ubican en un cierto entorno en donde, a veces se pierden por el ensamblaje de las familias. Cualquier cosa que ellos crean importante es aportada y guardada cual reliquia.
También suelo usar el Cuestionario de Proust, que no tiene nada de científico, pero acostumbrados a ver televisión, lo responden con agrado, sintiéndose centro e importantes cuando alguien, en este caso su terapeuta, les pregunta por aquellas cosas que piensan o creen que los define: Un poema, un color, una aversión, una marca.
Quizás se piense que se trata de una actitud ligera ante algo tan científico como la psicología, yo procuro escucharlos activamente, hacerlos intervenir con todos los recursos en este proceso de realizar un retrato biográfico. Tampoco tengo inconvenientes si me piden que intervenga otra persona, si para ellos su comparecencia es importante, lo es también para mí.
No quiero que les falte el calor humano de una voz decidida y firme con quién poder hablar, y contar las cosas ingratas que los aquejan. Tampoco dudo cuando los tengo que confrontar con sus contradicciones.
Y siempre, que la situación lo permita, el humor debe ser infaltable. Existe, en mi opinión, una regla básica que no se debe infringir, el humor no puede ser usado como escape a la ansiedad del terapeuta, luego puede ser usado en situaciones angustiosas como forma des-dramatización de circunstancias.
Un escritor decía:- “Avanzo a ciegas, no hay caminos para ser enseñados, ni aprendidos”. Cada persona es un universo y con cada una de ellas pruebo el puente que me lleva más allá de su frontera. Cada dato los presenta, los expresa, los rebela ante mí, que estoy tratando que se conozcan.
Convencidos que responden a la interpelación directa del mundo, llegan sin saber que la realidad es interna. Nos tendremos que mover en el filo de la correspondencia entre ese mundo y la elección sesgada de su mirada. La desesperación por un futuro incierto cede ante la perspectiva de una mejor lectura.
No escapa a mi entender que muchos vacíos espirituales o religiosos, impronta de la época, obligan a la búsqueda laica de una experiencia trascendente, como tampoco que nuestros servicios profesionales se han transformado en otro objeto de consumo. Dependerá de los profesionales la adecuación a los tiempos que corren, si nosotros no conseguimos esa adaptación no podremos esperar la transformación que se espera de ese proceso.

Libros que inspiran este blog

  • Actos de significado. Jerome Bruner
  • Actos del lenguaje. Rafel Echeverría
  • Coaching. El arte de soplar brasas. Leonardo Wolk
  • Coaching. El arte de soplar las brasas en acción. Leonardo Wolk
  • Cultura escrita y oralidad. David R. Olson y otros (comp)
  • El buho de Minerva. Rafael Echeverría
  • El orden del discurso. Michel Foucault
  • El sí-mismo en proceso. Vittorio Guidano
  • El tao de la física. Fritjof Capra
  • El yo saturado. Kenneth J. Gergen
  • Estudios y diálogos sobre la identidad personal. Giampiero Arciero
  • Fuentes del Yo. Charles Taylor
  • Heidegger y la cuestión del Tiempo. Francoise Dastur
  • Hermenéutica del sujeto. Michel Foucault
  • Historia y Narratividad. Paul Ricoeur
  • La construcción social de la realidad. Berger y Luckmann
  • La educación puerta de la cultura. Jerome Bruner
  • La mente narrativa. Juan Balbi
  • la quinta disciplina en la práctica. Peter Senge y otros
  • La quinta disciplina. Peter Senge y otros
  • La terapia como construccion social. Seila McNamee y otro
  • Los anormales. Michel Foulcault
  • Narrativas contadas, Narraciones vividas. Ricardo Ramos
  • Ontología del lenguaje. Rafael Echeverría
  • Pasos para una ecología de la mente. Gregory Bateson
  • Por la senda del pensar ontológico. Rafael Echeverría
  • Realidad mental y Mundos posibles. Jerome Bruner
  • Realidades conversacionales. John Shotter
  • Signo: Humberto Eco
  • Soñar la realidad. Lynn Segal
  • Teoría de la comunicación humana. Watzlawick y otros
  • Wittgenstein: Mundo y Lenguaje. Prades Celma y otro