domingo, 25 de diciembre de 2011
El poder de las apariencias
VICENTE VERDÚ
24/12/2011
Este título pertenece al monográfico sobre la moda que Revista de Occidente debe tener todavía en los quioscos. No hay que perdérselo. Ni tampoco perder de vista cuánta importancia desempeña "la apariencia" en el cariz de una época.
Constantemente, en las fotografías de la Generación del 27 o en las de la Residencia de Estudiantes, por poner un ejemplo repetido estos días, aparecen grupos de amigos que pareciendo iguales o con gradación distinta, al final quedan resumidos en dos o tres rostros que cruzan las historias no ya como mascarones de toda la embarcación sino como las figuras superlativas respecto a las cuatro o cinco más que aparecen habitualmente en el grupo.
Más tarde, al cabo de los años, algún estudioso recuerda que aquel nombre casi borrado o sepultado por el tiempo fue capital en el conjunto.
Capital y capitán de todos ellos pero que, por unas u otras razones, el olvido se encargó de absorber en un sumidero. Estos tipos que la historia no menciona sino de mala gana componen, sin embargo, la parte nutricia de aquella masa y aun no siendo siempre lo más sabroso, fueron imprescindibles para que su pasta flora ascendiera.
Estos segundones de las fotos, estos descartados de la gran baraja, no son, acaso, ni mejor que el grupo enaltecido, se llamen Dalí, García Lorca o Buñuel, pero no es seguro que fueran peores o que, sobre todo, hicieran tan solo bulto.
O sí. Con seguridad el relieve de una generación ilustre sería imposible sin que se abulte con un grupo suficiente para procurarle relieve. El bulto lo es todo. Esa generación destaca gracias a que descuella sobre sus antecedentes y sigue empinada ante sus consecuentes, pero para lograr ese perfil encimado es preciso que su torre posea la argamasa del bulto.
No doy ejemplos deliberadamente porque estas líneas no tratan de devolver su perdido perfil a quienes difuminó el recuento de los historiadores sino que están dedicadas a reclamar su importancia indispensable.
¿Fueron entonces discutibles y por eso se les dejó a un lado? Puede ser. Pero ¿cómo suponer una discusión, un argumento luciente, un Ortega y Gasset sin una cohorte de otros polemistas?
A Ortega, ya que sale aquí, le chiflaban las tertulias pero era, en buena parte, porque gracias a ellas, al montón de gente que acudía, él hallaba la frase fulgurante y los demás oían.
Sin ese pabellón intelectual no se le habrían ocurrido la mitad de ideas que le hicieron famoso. Y ocurrente. "No tiene ideas, solo tiene ocurrencias", decía de él Unamuno. Pero, a su vez, Unamuno no habría podido dibujarse como el búho malhumorado de la época sin el carácter seductor de Ortega. ¿Ortega seductor?
No solo necesitaba, desde luego, de la admiración que le regalaban las mujeres bien vestidas sino de un temple optimista y embaucador que sin territorio no habría llegado tan lejos. Una luz de su tiempo, un faro para las juventudes, una luminaria en la España oscura.
Todo esto es posible gracias a la hoguera que formaban en su entorno sus colaboradores y detractores. No fue una mediocridad como se ha supuesto que fueran todos ellos sino un rico caudal donde Ortega tomaba aliento y desde el cual, siendo mediático, multiplicaba por mil su secreta medianía. De esa transfiguración sería hija la "apariencia".
Aparecer o no aparecer no es un efecto de mayor o menor relevancia intrínseca sino precisamente el revelado. La positivación de la foto.
La historia antes de la fotografía ya ha seguido esta regla en los cronistas pero aún más cuando surgió el flash y se necesitaba, para ser técnicamente efectivo, dejar un alrededor poblado de sombras. De esos fogonazos vienen estos polvos. De esa ecuación se derivan los encumbrados en la "z" y quienes siguen diciendo "profesía".
Alicia Bibiana Berini Durante la escuela secundaria rechazaba la literatura española simplemente porque era la impuesta y la dejaba de lado por los escritores contemporáneos latinoamericanos. Cuando llegué a España me dí cuenta que para internarse hay dos pasos que no se pueden obviar: La Generación del 98 de poetas y escritores que responden a la derrota de la guerra Hispano.Estadounidense en donde pierden Cuba-Puerto Rico-Guam-Filipinas. Escritores de la talla de Unamuno. Valle-Inclán. j. Benavente. Pio baroja. Los Machado. La otra es la Generación del 27 (que nombra Verdú) se los llama así porque se reúnen para rendir homenaje a los 300 años de la muerte de Góngora en Sevilla. Todos tiene edades parecidas viven los mismos desafíos y responden de formas parecidas a temas como el amor, la muerte y el destino. Buscan formas nuevas pero no quieren romper con lo clásico. La idea es encontrar la imágen y la poesía pura. Nombres como Alberti, Guillén, Hernández, Cernuda, Juan Ramón Jimenez. Dentro de ese grupo luego encontraremos a aquellos que representaron al Surrealismo: Dalí, Buñuel, García Lorca (El perro verde) El estudio de la relación de estos tres en el internado merece todo un estudio y recordatorio que V. Verdú menciona al pasar, pero resalta "LA RELACIÓN" porque si bien cada uno brilló con luz propia, responden a los mismos acontecimientos y de una forma similar: Ganar la imagen y alcanzar la poesía pura. "Sin ese pabellón intelectual no se les hubiese ocurrido ni la mitad de las ideas".
domingo, 18 de diciembre de 2011
MANIFIESTO ALICIANO
0- Tengo un nombre: Alicia. Y como se suele decir “nomen est omen” el nombre es un destino. De origen griego significa lo real, lo verdadero, lo sincero, sin embargo, a partir de Lewis Carroll en el imaginario popular Alicia lleva indudablemente al País de las Maravillas, pero fundamentalmente a la búsqueda tras el espejo. Hay un mito que supone que ese país es de una construcción absurda. En realidad es un reconocimiento a la capacidad humana de soñar. La virtud mágica de Alicia es que su sinsentido tiene un sentido como es el rechazo de la armadura racional que nos han impuesto y que puede ser sustituible por la libertad de establecer nuevas relaciones entre palabras e ideas. Lewis Carroll antes que narrador de historias fue matemático y se obsesionaba por las cuestiones lógicas. Construimos historias a partir de la geometría euclidiana o la matemáticas decimal y convenimos axiomáticamente que uno más uno son dos, pero existen en el mundo otros axiomas que afirman y aceptan que uno más uno es igual a cero y a partir de ese postulado alzan su castillo de naipes. El creador de Alicia, para su relato utilizó una base semejante, pues de haber usado el axioma de la vida cotidiana nadie podría creer que una niña puede entrar a una madriguera de conejo o caer infinitamente, achicarse por un brebaje y crecer por un pastel. Si aceptamos que la realidad puede interpretarse desde otros fundamentos (en base de dos: 1+1=0) entonces esta Alicia podrá jugar otras posibilidades distintas. Hoy intento retomar esa ingenuidad señalando que “el rey está desnudo” aunque todo el mundo diga lo contrario. ¿Cuál es el peligro de un ser como Alicia? El librepensamiento, no porque no estudie los precedentes sino porque con ellos construye un mundo nuevo. A eso apuntaban las pintadas que en París de Mayo del ´68 aludían a Alicia como el sueño libertario.
1- "La imaginación no reconoce límite alguno, no puede ejercerse dentro de los límites fijados por las leyes de lo convencional. Pronto se descubre que la imaginación no puede cumplir mucho tiempo esta función en forma subordinada, pero si la persona insiste en subyugarla cuando alcanza aproximadamente la edad de veinte años, la imaginación prefiere, por lo general, abandonar a la persona a su destino de tinieblas. ...Entonces, Alicia aferrada a su destino de maravillas se dijo:- Amada imaginación, lo que más amo en ti es que jamás perdonas...." De André Breton para Alicia
2- Nada es imposible para quién está dispuesto a arriesgarse.
3- Sólo se puede habitar la fantasía, procura que sea la propia. Cuando no se puede coexistir con lo fantástico, se muere de realidad.
4- Evitar la tendencia a equiparar lo nuevo a lo conocido, a lo clasificable. Eso puede liberarnos de cierta inquietud, pero se pierde la magia de lo único, de lo original.
5- El desborde de la imaginación puede interpretarse como locura, sin embargo los mayores males son provocados por la ausencia de un propósito en la vida, no asumir la libertad y voluntad para alcanzarlo, la negación maníaca de la soledad que nos es inherente y la no aceptación de la muerte como parte de la vida.
6- Quizás si abandonamos sistemas paliativos donde la muerte nos garantice no morir jamás, podamos disfrutar más de la brevedad de la vida. Paradójicamente, el miedo a la muerte es mayor en aquellos que sienten que no han vivido su vida con plenitud.
7- Somos un ser que busca significados y certezas en un universo que no las tiene.
8- El placer es el bien primero. Es el comienzo de toda preferencia de toda aversión. Es la ausencia de dolor y la inquietud del alma. (Epicuro de Samos) a través de Jd Santillán.
9- Todo lo que existe está vivo y supone un alma. Por primitivo que parezca el animismo, es la mejor manera que encuentro de rendir homenaje y respeto a la existencia. (Compartido con mi amigo Jean Mailland Michaud. Choses naturelles. “Le présent défintif. Edition Le buit des autres.2005)
10- Únicamente la palabra libertad debería tener el poder de exaltarnos. Parece justo y bueno mantener ese viejo fanatismo humano. A nosotros corresponde utilizarla sabiamente.
11- Sin amo, sin soberano. El objeto del arte de vivir es la propia vida de cada cual.
12- Nunca olvidar la frase de Henry David Thoreau: “Most men lead lives of quiet desperation and go to the grave with the song still in them.” (La mayoría de los hombres viven en un estado de tranquila desesperación y van a la tumba con una canción todavía en ellos.)
13- Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a la responsabilidad personal y exentas de la autoridad de los magistrados. (Variación del art. 19 de la Const. Nacional )
14- El entretenimiento que no es arte, no es inocuo, pues nos distrae del pensamiento verdadero como es pensarse a sí mismo.
15- Si existe más de un modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad, prefiero el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. El humor es, en el fondo, un tipo de catarsis o contraveneno espiritual. Como entretenimiento la buena comicidad es mercancía difícil de obtener, por lo tanto, en tal caso, el disfrute se impone.
16- Cuando sientas temor, no lo nombres, creerá que lo llamas, eso lo fortalece, simplemente míralo, no lo califiques y verás como pronto se marchita.
17- Donde no hay liberación, seguro que hay frustración.
18- Hay algo de paradójico en la vida cuando se amplia el conocimiento propio, uno se libera del “yo”.
19- Cuando la mente está libre del deseo de ser algo, de obtener un resultado, está libre de temor y ahí la mente se halla, está en completa quietud y silenciosa. Sólo entonces es posible la creatividad que es la realidad misma.
La moda y el pobre amor
La moda y el pobre amor
VICENTE VERDÚ
17/12/2011
La moda siempre está de moda. Y no digamos ya si Jorge Lozano con la semiótica en ristre, se encarga de un número monográfico, una revista o cualquier otra publicación.
Esta vez, y no debe de ser la primera, la emprende con Revista de Occidente, cuyo secretario de redacción si no viste especialmente bien (peor incluso que Lozano) consiente en un nuevo tratamiento de esta importante cuestión. Leopardi, Walter Benjamín, Baudelaire, Jean Baudrillard, Robert Musil, Thorstein Veblen, Simmel, Ortega y Gasset, Barthes, y otros amigos íntimos concurren en el sumario del número 366.
Jorge Lozano puede que parezca algo pesado pero es invencible en su capacidad de elección y de persuasión. Cierto que, en este caso, prácticamente casi todos los autores están muertos pero no es desdeñable el lozano trabajo de autopsia y evisceramiento logrado por el editor.
Por ejemplo, Ortega, quien fundó esta importante revista, no se para a investigar sobre la importancia de la media calada o la longitud del foulard, sino que se adentra en el espinoso problema del amor y, para empezar, afirma: "El amor está en baja".
¿El amor no estaba de moda el 18 de julio de 1926, cuando publica este artículo en El Sol? ¿Exageraba Ortega para exagerar? Claro que sí. Su hija, Soledad Ortega, con quien tuve la fortuna de compartir dos deliciosos años al frente de Revista de Occidente, me decía que, debido a las estrecheces, su padre (catedrático, además) se veía forzado a incrementar el número de colaboraciones a fin de mes.
La pieza Cambio de generaciones que recoge este número (perteneciente al 18 de julio de 1926) es un ejemplo de ello. Ortega no tenía muy claro qué se proponía decir a la línea siguiente, pero los grandes ensayistas, como el mismo Montaigne, no tienen en la cabeza todas las ideas con las que ensayar. Ensayaban con el mismo ensayo el experimento y de ahí que tanto luzcan. Como perlas insólitas, ideas ensartadas al hilo de la escritura.
Rotundamente: si un ensayo no se inspira en el juego de la improvisación y sus misterios es todo menos ese género.
Un ensayo recae en la sorpresa del experimento tanto para el emisor como para el receptor. Y por tal razón se parece tanto a la poesía. Los poetas han sido, generalmente, muy malos novelistas pero espléndidos ensayistas, desde Pedro Salinas a Octavio Paz.
"El amor está en baja", dice Ortega en la primera frase de su artículo y ya se ha metido, a sabiendas, en un berenjenal. Intuye que el amor ya no fuera en su tiempo lo que era antes pero ¿qué es? ¿Por qué?
A un ensayista de genuino talante no se le puede arrinconar con esta mezquindad. Los ensayos no son libros de texto ni están destinados a fundar los cimientos de la verdad. "Los griegos -máximos elucubradores- eran superficiales por profundidad", dijo Nietzsche en La Gaya ciencia.
La profundidad atasca pero, en la superficialidad, la mente se desliza. Todos los desbarros pertenecen a este deporte intelectual del patinaje artístico, pero, a su vez, esos pensamientos que desbordaron los límites de su tiempo, desde el psicoanálisis a la teoría de la relatividad (ambas cerca de la Gran Depresión) cambiaron las tradicionales medidas de la cancha. Fueron desproporcionadas para su tiempo.
Produjeron escándalo y crearon los últimos gritos de la moda. La moda siempre está sanamente de moda cuando el mundo se siente confiado en avanzar. Por contraste, cuando no hay moda o todo está de moda, cuando la moda no importa, por exceso o por deceso, vivimos en recesión.
Lo que significa pues que todo vintage es hoy insignificante, cualquier retro pierde excitación. La actualidad, en fin, como estampado, carece de suficiente prestigio para dar rango a aquello que la niega, sea con la semiótica (Lozano, por medio)(*) o con el desganado malabar del no.
(*): http://www.ucm.es/info/per3/profesores/jlozano/index.html
© EDICIONES EL PAÍS S.L. - Miguel Yuste 40 - 28037 Madrid [España] - Tel. 91 337 8200
Alicia Bibiana Berini Se dice que la comprensión de un texto como "La guía de los perplejos" puede abarcar hasta 7 niveles diferentes de comprensión. Y esta podría ser mi frase de arranque para un ensayo sobre esta nota de Vicente Verdú, quién al parecer no está aún recuperado de las oscuridades apocalípticas de sus últimos escritos para solazarse en las complejidades. No hace mucho alguien posteó un video de Eric Laurent quien decía:- ¿qué nos pasa? Nos pasa lo que a la sociedad le pasa. Y si bien no comparto escuela con él acordé que "uno es hijo de su época" y no se puede escapar sino es a riesgo de ser un descastado y la moda es su mayor expresión. Aquello que en su momento fue moda y que ayer fue un clásico, hoy pretende volver a ser moda : lo vintage. Esta conversión se tratará de aplicar también a textos clásicos del pensamiento de occidente. Cosa que parece no convencer a Verdú, aquellos escritos fueron lo que fueron gracias a una época en donde parecía que delante sólo cabía el progreso, con lo cual las palabras eran significantes, resonaban porque representaban un algo compartido. No sé que ha de suceder con el nuevo intento de Jorge Lozano, pero tratándose de un humilde ensayo, como su escritora le requiero lo mínimo que se le puede pedir saber cómo se despliega el pensamiento. 1- Para mi la visión sociológica tiene que estar presente en toda consideración humana. 2- Hay que tenerla en cuenta aún en consulta privada, sin embargo la explicación de "esto es lo que nos pasa como sociedad particular o global", no sirve de ayuda al caso particular. 3- Creo que Verdú se olvida de su años y cree que después de su generación viene el diluvio, puede que sí o puede que no, cuando se habla con los jóvenes tiene toda la fuerza, saben que los desafíos son grandes pero aún así no dejan de valorar "su época". 4- Para los que gustan del saber Musil, Baudrillard, Barthes, etc. siempre será su cultura OCCIDENTE y tendrá cosas que decirles. "El discípulo sobre sus hombros verá más allá". 5- Inclusive para oponerse e indignarse habrá que saber a qué. 6- "Nada hay nuevo bajo el sol" aún la respuesta más creativa tiene que surgir de algo, nada es ex nihilo. 7.-Lo anteriormente expuesto no niega la posibilidad de decir NO dado como una de las declaraciones más importantes que un individuo puede hacer. Todo derecho a escoger se basa en el derecho a decir NO. Cada vez que consideremos que tenemos que decir No y no lo hagamos, veremos nuestra dignidad comprometida. Cada vez que se pase por alto nuestro No sentiremos que no fuimos respetados. El NO puede tomar la forma de un BASTA !
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jueves, 6 de octubre de 2011
martes, 6 de septiembre de 2011
AVOIR LE CAFARD
La palabra “cafard” en francés significa cucaracha, pero la frase compuesta “avoir le cafard” significa: estar deprimido. Como se ve la expresión recoge algo de la sordidez que conlleva el estado. También hay otra frase que es “broyer le noir” , algo así como triturar el negro, se supone que la expresión viene de la asociación que ese color tiene con el mal estado de ánimo y el trabajo que se tomaban los pintores del SVIII que tenían que triturar o moler, para obtener los colores. Me viene la imagen de un mortero en donde se da vueltas y vueltas hasta fundir las más pequeñas partículas en un tinte que contiene todos los colores pero sólo se ve uno: el oscuro. El mismo que creían que provocaba la bilis negra.
Cuando profesionalmente abordé el estudio de la depresión tuve que transigir con alguna escuela, no es bueno enfrentar demonios sin un parapeto. No obstante, al igual que los intérpretes de la música, me sometí a los estudios de una técnica, para después “olvidarla” en busca de mi propia nota.
Mi actitud pretende ser fenomenológica frente a tal forma de manifestación del estado de ánimo, sé que es difícil de lograr toda vez que objeto y sujeto son coincidentes.
En el idioma español tenemos distinguidos los verbos: ser y estar, sin embargo, debe haber pocas situaciones en donde una conjugación se salteé tanto por deslizamiento de un estado a una condición. La mayoría de las veces el que está deprimido se vive como si fuera un depresivo. Debe ser porque el estado es tan abarcador y obturador de trascendencia que difícilmente se crea que se ha de encontrar una salida fácil. En él, el tiempo presente no puede aspirar al mañana y sólo se llena de imágenes y estructuras del pasado. El tiempo es presente pero transcurre lentamente como si se solazara en su presencia dolorosa, sea por los pensamientos, las pesadillas o el insomnio.
De la depresión se habla como trastorno de la conducta, como el mal de mayor extensión de la época. Dije se habla, aunque en realidad se menciona o se lo nomina; desde la clínica, los profesionales con prudente distancia; en lo social, se murmura de alguien; laboral y económicamente, como flagelo. Tampoco casi encuentro estudios o escritos en primera persona, casi la mayoría son en tercera persona, o en segunda apuntando a la autoayuda. Parece que bucearla, molerla molécula a molécula fuera una invitación a la espiral del Infierno del Dante.
Tiene la característica de ser intempestiva en su visita y una vez instalada es como una diosa malévola que tiene el poder de la ubicuidad: está presente a un mismo tiempo y en todas partes.
Distinguida y distante de la Angustia, como la hermana menor y bastarda de aquella, no logra en la filosofía y en la literatura las mismas páginas que aquella. No hay un existencialismo de la depresión, aunque la existencia difícilmente se aparte de ella a no ser por una negación maníaca.
Más allá de las variedades y clasificaciones, los signos de la persona que está deprimida suelen ser evidentes: sus movimientos pueden estar aletargados como si la vida lo hubiera vencido –etimológicamente el término latino: “depresus” es abatido, derribado-, también es posible encontrarlo agitado si siente que la corriente lo puede ahogar. El brillo de los ojos puede perderse o por el contrario exaltarse, como si el ser estuviera afiebrado librando batalla ya en los últimos bastiones, pero es la mirada la que nos cuenta que ha desaparecido la capacidad de placer que lo sujeta a la vida. Lo que hasta ayer nomás constituía su razón, su orgullo, su motivación paso a dejar un vacío. La oquedad es áspera, incómoda, insostenible.
Es posible que al principio la mente esté sujeta a dos o tres ideas nefastas que supuestamente aluden a ciertos sucesos desafortunados externos. Esos pensamientos pueden mutar pero serán reemplazados por otras representaciones del mismo tenor.
Luego, si el estado se profundiza, ya no hay relación con nada, como si se hubiera perdido la causa de la tristeza, del dolor o la desesperación. Ya no hay a qué, ni a quién culpar de tal estado. La persona siente que nada puede cambiar de un modo tal que ella pueda obtener algún tipo de satisfacción. La interpretación del entorno toma los ribetes de un realismo negativo que se impone.
En la interacción, esta forma de estar y/o de ser provoca una serie de impresiones en los otros. La primera sensación, quizás la más directa es de que se está frente a algo muy sólido, pesado, inamovible. Esa situación difícil de deshilar para amigos o familiares se presenta como una unidad que tiene una cohesión discursiva ambivalente: por un lado pide ayuda, por el otro, defiende activamente su visión pesimista. A partir de allí todos los argumentos parecieran servir a un solo fin: desarmar el alegato del deprimido que tiende a justifica su malestar.
Al comienzo, puede desconocerse la condición depresiva, sólo está sucediendo como si se hubiera generado una nube negra totalmente pasajera. Entonces, la persona no se comprende, ni puede ser comprendida, pues es de algún modo se ha instalado un estado de conciencia alterado al habitual, es como si la negatividad hubiera ganado a la posibilidad. Es probable, que una vez conocida la situación de la persona se genere en el entorno alguna preocupación, o quizás compasión.
Sin embargo, suele ser una etapa precaria dada la condición de casi imbatibilidad del estado de ánimo depresivo, es una fuerza que para irradiar negatividad consume energía. Pronto, se instalan sentimientos de esterilidad, insuficiencia, impotencia y agotamiento.
El padecimiento que impone el desánimo provoca en el medio una conducta revulsiva de escape en aquellos que pueden hacerlo o de irritación en los que se ven obligados a permanecer. Cuando no, son arrastrados al mismo estado depresivo por repetición de tonos, silencios, y modulaciones respiratorias que se acompasan para no provocar disonancias en el afectado.
Salvo con una intención meramente comunicativa, dificulto que los sentimientos y emociones que atraviesa una persona en semejante estado de ánimo pueda hacerse constar. No sólo por las características personales del individuo, sino también por su capacidad de auto-conocimiento, y de auto-referencia, como su capacidad de reconocerse agente de aquello que le pasa. Aún así me gustaría ilustrar la depresión como si se presentara en etapas:
En una primera es como sí estuviese escuchando un concierto, el tema que se está tocando puede gustarle o no, pero de pronto algunas notas comienzan a sonar extemporáneas, desafinadas. Son sólo momentos, instantes quizás, donde el segundo doloroso se hace eterno. No sabe cómo, ni de dónde, pero la fuerza de la torre queda herida por el rayo.
Seguramente confuso saldrá a ver que provocó ese disturbio en el mundo. Y de golpe, casi como una revelación, ese mundo que hasta hace muy poco significaba todo para él, se hace plano, deja de haber luces, no hay cosas ni personas que funcionen de atracción. Pierde valor, tiene sensación de extrañeza ante algo que dejó de reconocer como propio. Se convierte en una maqueta absurda al perder el sentido.
Y ante un mundo netamente absurdo que ha perdido sentido, ¿qué futuro puede haber para él? Los roles, los trabajos, las luchas son demandas para las que pronto se sentirá incapacitado de responder.
En algún momento, aparece el enfrentamiento con el Yo, aunque sea para preguntarse:-¿porqué a mi?
Ya se trate la depresión de una enfermedad o de simple condición humana, pareciera la última instancia que se impone a la conciencia que se cree impenitente. Por eso siempre va acompañada de culpas auto-inflingidas. Es posible que se experimente ese gran desasosiego como una prueba de incumplimiento de alguna ley moral o religiosa.
La depresión tiene tanto de pérdida como de fracaso, es un gran duelo por que las cosas no fueron como se esperaba. Por eso la desesperanza es el sentimiento generalizado y distintivo. Entonces, la voluntad de vida claudica cuando falló previamente la fe.
sábado, 3 de septiembre de 2011
LA TEORIA DEL JUEGO EN LA GUERRA DE LOS SEXOS
“El amor es la eterna historia del juguete
que los hombres creen recibir y del
tesoro que las mujeres creen dar.”
Honoré de Balzac
¿Es posible pensar y en tal caso, sentir por fuera de los esquemas acordados y aprendidos? La respuesta que me surge es que sí, pero tal actividad puede llevar mucho esfuerzo y dedicación. Pero además esa primera pregunta remite a otra:- ¿se puede pensar “distinto” dentro de una sociedad que casi como constante constriñe a la masificación, a la respuesta fácil, al clichée?
¿Cuando comenzamos una relación con una persona determinada, además de la simpatía o la atracción que nos genera, tratamos de establecer un auténtico contacto? Es decir, tratamos de “ver” quién es “verdaderamente”. O por el contrario, sacamos conclusiones de apariencias, actuaciones, imposturas, etc.
He conocido muy pocas personas que a la hora de una cita no hayan hecho previamente un cónclave con las/os amiga/os para las instrucciones de rigor. Luego, entre saludos, buenas ondas y recomendaciones parte al encuentro como quien va a dar un examen con las lecciones recién aprendidas.
Lamentablemente de madres a hijas, de padres a hijos se han transmitido generalizaciones ideológicas sobre qué es un hombre y qué es una mujer y sus diferentes comportamientos.
Está bueno, ver el encuentro como una gran aventura y también es lógico que uno quiera llevarse una guía para no perderse. Lástima que ese mapa es viejo y se encuentra ajado y lo peor es que no responde al territorio. En tal caso, sucede como con el lecho de Procusto, se recorta la realidad para que se ajuste al esquema.
Los grupos de amigos y de amigas se han convertido en cofradías que lejos de ayudarnos a las buenas relaciones con el otro sexo, son encuentros que terminan complotando contra la pareja.
Para la guerra de los sexos se requiere mucho más que dos contrincantes, aunque cada batalla se libre aparentemente sólo entre dos, siempre hay una ideología y una logística que la sostiene. Cada cual puede ver el tema como quiere, pero no nos engañemos: las amistades no suelen ser amigas de la pareja.
En la mayoría de los casos en la actualidad, la pareja es apenas un afluente y no la corriente principal. Quizás estén en desacuerdo con mi escala, pero es que nada obliga a tener pareja. Ahora si se decide por ella, hay que saber que requiere muchísimos cuidados, sino se desluce y muere.
También requiere algo de renunciación, algo tiene ceder del “Yo” para “el Nosotros”.
Puedo entender los miedos a generar un “verdadero encuentro” con otro, porque puede transformarnos. Y particularmente cuando se trata de quien puede ser por un tiempo a determinar “nuestro testigo privilegiado”. Aquel/lla con la que hemos de comulgar se puede convertir en el espejo más feroz. La relación puede convertirse en una magnificación de nuestros aspectos más oscuros. Muchas veces, la pareja suele ser como una institución inquebrantable que nos devuelve nuestro capital más sus intereses.
Ahora bien, si se decide por buscar una pareja, creo que lo mejor es abandonar todo antiguo mapa y dejarse llevar por el GPS intuitivo que todos llevamos dentro. El acercamiento es hacia una persona, no hacia un modelo.
Lo intuitivo puede ser el comienzo, lo básico, lo más elemental del animal que somos puede detectar kinestésicamente que va con cada uno. Luego se irá subiendo en una gradación que convenientemente no debe dejar fuera lo razonable y “nuestra” escala de valores. Marqué especialmente la palabra “nuestra” pues se trata justamente de apelar a la persona que trata o ha tratado de revalorizar sus “propios” valores más allá del grupo social al que pertenece. Tomando una frase sería: Algo que tenga sentido para mí, algo por lo que valga la pena vivir o morir.
Cuando se habla de una cuestión de piel respecto de una persona, se hace una referencia a una química íntima y no a un trato epidérmico, poco profundo respecto de las complejidades del otro. Al respecto, es notorio ver como en una relación de conocimiento generalmente un tema lleva al otro casi sin solución de continuidad, sin embargo es llamativo como a veces, a una segunda pregunta secuencial respecto de con quién está saliendo, de quién se está sintiendo enamorar no puede ser contestada. No se trata de comportarse inquisitivamente, pero tampoco a no hacer preguntas por miedo a las respuestas.
Cuando digo que no hay que llevar mapas, me refiero a ninguno. Las revistas femeninas son un negocio, ahora venden con lo que páginas más atrás desmienten. Los test, los temas propuestos en forma general no representan a nadie, es un producto a vender, igual que la seducción de un perfume o un cosmético.
Las generalidades no definen nada: Los hombres no son iguales, las mujeres tampoco. Muchas de esas pretendidas universalidades a fin de ser repetidas han causado mucho daño. Ej: Los hombres no lloran. El problema no es que ellos hayan sido educados y lleguen a cumplir dicho mandato, sino que las mujeres lo terminan creyendo y tergiversando por “los hombres no sienten”. Entonces los van tratando como paralíticos emocionales. Y primero como madres y luego como mujeres vamos construyendo la profecía auto-cumplida.
Otra muestra de ese estilo es el refrán que dice que: “los hombres mienten amor por conseguir sexo y las mujeres mienten en el sexo para conseguir amor”. A ver, sonriamos un poco para distendernos porque suena seductora para creérsela y adoptarla. ¿Pero hoy qué realidad representa? Tanto las conductas que banalizan el sexo como la falta de amor y cuidado son cumplidas indistintamente.
Ahora bien, si las personas no están obligadas a establecer relaciones afectivas, lo hacen por necesidad o placer, se supone que las reglas se deben parecer más al juego que a la imposición. Ver los roles femenino y masculino o sus variantes acordadas, es un juego que no tiene porqué desdecir la igualdad de los sexos que supimos conseguir. Es como cuando uno juega al ajedrez y determina que uno juega con piezas blancas y el otro con piezas negras. Se trata de acuerdos tácitos para acciones complementarias y posibles de ser coordinadas. De lo contrario, se termina en un caos, sin nadie que pueda hacerse responsable de algo en común. Los juegos se juegan para placer y beneficio de ambos. Si el juego pierde su balance es necesario volver a contratar. Caso contrario, la única variable que se sabe jugar del juego de los sexos, es el de la guerra de los sexos.
sábado, 13 de agosto de 2011
TRAS LA ILUSION DE LA ELOCUENCIA
Aún recuerdo cuando cantábamos con mis primas, una vieja canción que decía: “Se me ha perdido una niña... cataplín, cataplán, cataplero. Se me ha perdido una niña en el fondo del jardín.”
Hoy, después de muchos años, podría volver a cantarla, salvo que no pierdo niñas, sino palabras que fueron mías.
Cuando esto sucede es probable que mi cara se descomponga como signo de contrariedad, mientras que otra parte de mí, sigue hurgando y desafiando por encontrarla.
Es probable que ante tal circunstancia, la otra persona no entienda exactamente lo que me está sucediendo. También es posible que interrumpa el flujo principal de lo que estoy diciendo para aclarar que he perdido una palabra que explica más precisamente lo que quiero decir.
Y entonces, casi invariablemente, la otra persona, no le adjudica demasiada importancia a mi minúsculo drama. La otra persona interesada en la conversación, una vez comprendido el sentido general de lo expuesto, poco le interesa cierta precisión del lenguaje tomado sólo como preciosismo o floritura.
Ante esta circunstancia seguramente no he de escapar a los chistes de rigor, o a la amenaza de ciertas enfermedades neurológicas. No pretendo negar probabilidades estadísticas.
Simplemente quiero expresar mi aflicción. La angustia particular que me provoca esa pérdida no se iguala a otras. Se que las capacidades que hemos adquirido a través de los años irán disminuyendo. Sin embargo, la adquisición del lenguaje y su enriquecimiento a lo largo de los años ha significado una de las luchas y al mismo tiempo, uno de los placeres mayores.
Obviamente, no siempre ha sido así. Durante los primeros años escolares, la palabra ya era un hecho incuestionable, por cierto, toda posibilidad de enseñanza y aprendizaje estaba basada en ella, pero no me percataba. Luego, aprendí a escribir su sonido deletreando, luego incorporé otros significados y con ellos pronto me di cuenta que podía habitar infinitos mundos.
Los juegos del lenguaje, los actos de significado, las narrativas biográficas, las descripciones del entorno se transformaron en imágenes. Los sonidos de las palabras, las cadencias de mi idioma como también la de los idiomas extranjeros, me develan lo más entrañablemente humano que tiene el hombre: Su capacidad de simbolizar su pensamiento y comunicarlo. Entonces, ¿cómo no iba yo a enamorarme de las palabras?
El primer gran regalo de mi padre fue el diccionario enciclopédico. Luego hubo otros, de sinónimos, de antónimos, etimológicos, de imágenes. Aún hoy suele ser uno de mis entretenimientos favoritos, buscar el término más ajustado a lo que quiero decir. A veces me gana su estrictez etimológica, a veces su sonido, otras su capacidad de evocación.
Se trata de un aprendizaje infinito, tras la "ilusión" de la elocuencia, que como un cebo ideal nos traslada de la prosa de un escritor, a la musicalidad del poeta, a la transmutación inevitable de una traducción. El lenguaje es un velo que a veces se descorre para permitirnos entrever la idiosincrasia de un pueblo y otras se cierra en la impotencia de la incomprensión.
Poder oír a quien hace un buen uso del lenguaje, con todos sus matices, nos permite experimentar otros puntos de vista, "presenciar" otras realidades, no estar atados al tiempo y al espacio circundante, comunicar profundidades, transmitir los meandros de la mente humana y eso inevitablemente tiene que producir el goce de la comprensión de lo complejo, entonces el mundo se hace rico en sus dimensiones y se conjura el aburrimiento. Por el contrario, es devastador saber que la falta de las palabras que nominen hace que las cosas no existan.
De ese largo viaje, llevo en mi maleta muchas palabras, al igual que las vestimentas, algunas las uso a diario, otras en ciertas ocasiones; será por eso que muchas también envejecen.
Mi tristeza ante la pérdida de una palabra quizás se deba a un cierto perfeccionismo, ¿porqué negarlo? Pero quién ha usado un lenguaje técnico sabe que algunas de ellas son tan precisas que se necesitaría un gran número de ellas para querer decir algo parecido pero nunca lo que se quiere significar. Se me podría decir que el lenguaje cotidiano no requiere de tal precisión. Es probable, pero cuando uno ha hallado una o quizás varias para expresar y determinar su mundo y su significado, el uso de otra similar le hace sentir a uno extraño porque el universo pudo haberse modificado por tal detalle.
Cada palabra tiene su magia. Cada pronunciación activa sonidos primordiales. Acepto que son convenciones de una sociedad para un tiempo determinado, sin embargo, algunas tienen vida propia y relación exhaustiva e intrínseca con lo que nombran. Es como si las palabras fueran el nombre de las cosas; y las cosas hubieran hallado su lugar en el cosmos y su identificación.
Este escrito fue motivado porque había perdido una palabra. Pasé días tratando de recordarla. Me decía:- Ya va a volver sola, pero no volvía. Entonces, trataba de recrear toda la frase haber si por simpatía con las restantes significaciones, aparecía, pero nada.
Recordaba que la palabra que buscaba tenía una cierta cacofonía, entonces silabée y balbuceé un rato haber si la encontraba, pero el resultado fue nulo.
Como tenía en mente lo que quería decir, se me ocurrió volver a mis diccionarios pero allí descubrí la verdad más dolorosa, el camino es de ida y no de vuelta. La palabra me da el significado pero el significado no siempre me da la palabra.
Llegué a pensar que la había perdido para siempre. Llegué a preguntarme:- si acaso la encontrara ¿la reconocería?
Hoy después de varios días, y por vía de sinónimos volví a encontrarla. Creo que la voy a anotar y la voy a guardar en este escrito para no perderla otra vez, pues creo que por el desarrollo mismo de la cosas la voy a necesitar. La palabra de marras era "quisquillosa" (ay!que horror! estimado Freud) y llegué a través de un término similar "cascarrabia"; pero claro, no es lo mismo.
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Libros que inspiran este blog
- Actos de significado. Jerome Bruner
- Actos del lenguaje. Rafel Echeverría
- Coaching. El arte de soplar brasas. Leonardo Wolk
- Coaching. El arte de soplar las brasas en acción. Leonardo Wolk
- Cultura escrita y oralidad. David R. Olson y otros (comp)
- El buho de Minerva. Rafael Echeverría
- El orden del discurso. Michel Foucault
- El sí-mismo en proceso. Vittorio Guidano
- El tao de la física. Fritjof Capra
- El yo saturado. Kenneth J. Gergen
- Estudios y diálogos sobre la identidad personal. Giampiero Arciero
- Fuentes del Yo. Charles Taylor
- Heidegger y la cuestión del Tiempo. Francoise Dastur
- Hermenéutica del sujeto. Michel Foucault
- Historia y Narratividad. Paul Ricoeur
- La construcción social de la realidad. Berger y Luckmann
- La educación puerta de la cultura. Jerome Bruner
- La mente narrativa. Juan Balbi
- la quinta disciplina en la práctica. Peter Senge y otros
- La quinta disciplina. Peter Senge y otros
- La terapia como construccion social. Seila McNamee y otro
- Los anormales. Michel Foulcault
- Narrativas contadas, Narraciones vividas. Ricardo Ramos
- Ontología del lenguaje. Rafael Echeverría
- Pasos para una ecología de la mente. Gregory Bateson
- Por la senda del pensar ontológico. Rafael Echeverría
- Realidad mental y Mundos posibles. Jerome Bruner
- Realidades conversacionales. John Shotter
- Signo: Humberto Eco
- Soñar la realidad. Lynn Segal
- Teoría de la comunicación humana. Watzlawick y otros
- Wittgenstein: Mundo y Lenguaje. Prades Celma y otro






